(ADVERTENCIA - Este texto se recomienda que sea leído por
mayores de edad.
Puede ser textual mente gráfico. La página no se hace
responsable por el daño psicológico que esta puada causar.)
– Basado en un hecho real –
Junko Furuta, una típica estudiante de secundaria japonesa
de 16 años, había sido secuestrada por cuatro de sus compañeros apenas uno ó
dos años mayores que ella, y llevada a la casa de uno de estos. El líder del
grupo y un miembro de la temible mafia Yakuza la amenazó con una afilada navaja
y su destino quedó sellado ese día.
—Papá, mamá, no me busquen. He decidido escaparme de casa. Estaré bien…
—Papá, mamá, no me busquen. He decidido escaparme de casa. Estaré bien…
—le
decía Junko a sus padres por teléfono, obligada a hacerlo por sus
secuestradores como una estrategia para que no la buscaran. Su madre reaccionó
airada y perpleja del otro lado del teléfono y Junko se sintió tentada a
decirle la verdad, pero el cuchillo en el cuello la disuadió.
—Adiós mamá —dijo
casi llorando—
te… te amo…
Sus captores colgaron el teléfono.
—¡Muy bien! —dijo Miyano Hiroshi, el líder— ¡Eres tremenda
actriz! Veremos si eres tan buena en la cama…
Dicho esto tomó a la niña y la lanzó contra el colchón del
lecho más próximo. A pesar de la resistencia de la chica, le arrancó la ropa,
le removió violentamente sus bragas, se desabrochó el cinturón y desfloró a la
niña. Su pene le desgarró sangrientamente el himen en medio de las súplicas,
quejidos y lágrimas de la joven. Una vez que se satisfizo con el orgasmo, se
retiró sonriente.
Sus cómplices estaban enardecidos por aquello. Uno a uno se
lanzaron sobre Junko y la violaron. Luego la giraron boca abajo e introdujeron
sus penes por aquel ano tan virginal como hasta hace poco era la vagina
sumiéndola en estrepitosos alaridos y en un temblor convulsivo.
Miyano, Jo, Mirato y Watanabe, los raptores de Junko,
estaban muy satisfechos y fumaban complacidos contemplando su obra. Los padres
de Watanabe escucharon el llanto de la niña y estaban temerosos de las
implicaciones, pero Miyano les aseguró que, de delatarlo, haría que sus
compinches en la mafia los mataran, así que desistieron de la idea.
Los cuatro adolescentes se ubicaron en el sótano donde
colocaron unas colchonetas, un sofá y algunos otros muebles sin importancia.
Las esperanzas de Junko de que, una vez violada, la dejaran ir se
desvanecieron. Aquello iba para rato.
Durante dos ó tres días no hubo que no le hicieron a Junko.
Le abrieron la boca para que les chupara las vergas, la violaban a veces de dos
en dos —uno por la boca y otro por la vagina— ó hasta de tres —agregándose un
tercero al ano—. Finalmente la violaron los cuatro al mismo tiempo cuando un
cuarto usó sus pechos para masturbarse mientras el resto disfrutaba de sus
orificios naturales.
Así terminaba Junko el día, repleta de semen en la boca, el
recto, la vagina y los pechos. Bañada en aquella sustancia pegajosa y además
ensangrentada por las constantes vejaciones a su anatomía.
Aunque reacia al principio, Junko decidió que era mejor ser
sumisa, para evitar la ira de sus secuestradores, así que los complació en todo
lo que le pidieron. Si le decían que se masturbara, lo hacía. Si la querían
degradar ordenándole que bebiera orina ó masticara cucarachas, obedecía (aún
cuando esto la hacía vomitar). Si los cuatro orinaban sobre ella, si le tomaban
fotos desnuda para humillarla y amenazaban con difundirlas, etc., resistía. En
general, cumplía todas las indicaciones por perversas que fueran. Pero esto,
lejos de aplacar a los muchachos, enardeció su sadismo.
La ataron al techo y la usaron como saco de boxeo. Cuando se
cansaron de la paliza que le propinaban con sus propias manos, tomaron los
palos de golf del padre de Watanabe y comenzaron a azotarla con ellos.
Posteriormente le clavaron agujas en los pezones. Luego la soltaron, tirándola
sobre el piso y le quebraron los dedos de la mano derecha a punta de pisotones
y le aplastaron la cara varias veces contra el suelo.
Junko emitió un gemido agónico y se desmayó del dolor.
Cuando Junko despertó
tenía a un desconocido encima de ella.
Expedía un hedor pestilente a licor y suciedad y vestía harapos. Se trataba de
un indigente y la estaba violando. Cuando el tipo finalizó su coito con el
correspondiente orgasmo, otro lo sustituyó.
Un yen tuvieron que pagar los dos mendigos para violarla.
Los muchachos les hicieron la oferta mientras ambos vagos registraban los
basureros del vecindario. Descubrieron que aquello era buen negocio y corrieron
la voz entre sus compañeros de colegio, los amigos criminales de Miyano y los
marineros que trabajaban en el puerto. En el transcurso de unos cuantos días
tantos hombres habían abusado de Junko que perdieron la cuenta, aunque en el
juicio se dice que fue violada al menos quinientas veces por más de cien
hombres, a veces hasta doce un mismo día.
La agotada joven estaba al borde de la locura. La habían
violado masivamente de tantas y tan diversas formas… ¡tenía que escapar!
Aprovechando que su “cliente” de momento era un borracho que
se había quedado dormido, se levantó de la cama y subió las escaleras
sigilosamente. ¡El teléfono estaba muy cerca! ¡Casi lo tomaba…! ¡Podría llamar
a la policía!
—¿Qué crees que estás haciendo, zorra? —preguntó Miyano
aproximándosele y le arrebató la bocina de las manos para luego golpearla con
ella. Ahora sí la pagaría caro…
—¡AAAAAAGGGGGHHHHH! ¡YA! ¡YA NO MÁS! ¡LO SIENTO! ¡LO SIENTO!
¡NO VOLVERÁ A PASAR! ¡POR FAVOR BASTA! ¡NO MÁS! —gritaba desesperada mientras
le arrancaban el pezón derecho con un alicate. En Miyano había una mirada de
profundo sadismo. Junko estaba atada a la cama con los brazos encadenados al
respaldar mientras le desgarraban la carne del pecho. Luego de esto, Miyano se
rió mientras observaba el pedazo de pezón en su alicate ensangrentado.
Tras esto, Miyano encendió un cigarro, como si estuviera
gozando sexualmente de aquello, pero en realidad no pretendía fumárselo como
descubrió Junko cuando se lo colocó en la piel. Ella exclamó nuevos gritos,
pero Miyano estaba poseído por una saña febril y se decantó por quemarla con
cigarros, velas y con fósforos en el área genital, hasta casi extirparle el
clítoris.
—Tengo una idea —dijo Miyato y trajo unas pesadas mancuernas
que usaba para ejercitarse— apártate…
—Po… por fa… favor… ya… ya… basta… —clamó ella con un hilo
de voz temblando por las torturas tan horribles que había padecido, pero su
victimario la ignoró y dejó caer la pesa sobre su estómago lesionándole
gravemente.
Ella no pudo gritar, pues perdió todo el aire, pero el dolor
era insoportable. Los cuatro captores se carcajearon, luego retomaron el asunto
dejándole caer nuevamente las mancuernas al menos una docena de veces.
Miyano ordenó que le ataran los brazos a la espalda, desnuda
como estaba, y la colocaron boca abajo y luego dijo:
—Vamos a hacer algunos experimentos. ¿Qué cosas cabrán por
esa panocha tan sabrosa?
—¡No, por favor! —suplicó ella, inútilmente— ¡Se los ruego!
¡Por favor! ¡NO! ¡AAAAGGGHHH!
Miyano empezó violándola con una botella y sus compinches se
carcajearon.
—¡Prueba con esto, Miyano! —dijo Watanabe y le pasó unas
tijeras.
—¡NOOOO! ¡AAAAHHHH!
—¿Qué tal esto? —sugirió Miyato lanzándole unas afiladas
pinzas para pollo, y Miyano hizo la prueba, nuevamente entraba bien.
—Ahora esto —dijo Jo y le entregó una lámpara de vidrio
encendida que estaba caliente. El objeto incandescente penetró por la vagina de
la mujer quemándola y provocándole un dolor tan punzante que no pudo ni
siquiera gritar. La lámpara, además, se quebró adentro incrustándosele los
vidrios en carne.
—Creo que todavía le caben cosas más grandes…
—¡Basta! ¡Por favor! —rogó ella, luego exclamó más alaridos
cuando le introdujeron una varilla metálica que usaban para sostener una
cortina.
—¡Se me acaba de ocurrir una idea! —aseguró Jo y subió hasta
la alacena de la casa donde recordaba haber visto algo. Regresó con cohetes de
fuegos artificiales y fósforos.
—¡NOOOOO! —clamó Junko— ¡Se los ruego! ¡Tengan piedad de mí!
Pero por respuesta a sus súplicas sólo obtuvo burlas y
risas. Jo colocó el cohete en su ano y encendió la mecha. Esta se consumió
lentamente y finalmente estalló despedazándole el área rectal y quemándole las
nalgas.
Junko emitió un ensordecedor alarido. Los chicos repitieron
el experimento una vez más, y otra y otra, hasta que la vagina de Junko fue
transformada en una masa ensangrentada y molida. Estaba prácticamente
desfigurada.
—¡Mátenme! —dijo Junko respirando entrecortadamente—
¡Mátenme de una vez! ¡Por favor! ¡Mátenme!
Pero todavía no pensaban liberarla de su dolor…
¿Por qué abría sufrido tanto dolor aquella infortunada
muchacha?
No era el hecho de que hubiera sido violada y asesinada —algo que ha
ocurrido a muchísimas mujeres a lo largo de la historia— sino que fue violada
cientos de veces por una multitud de hombres diferentes, la torturaron y
degradaron en todas las formas posibles hasta hacerla anhelar la muerte. Junko
literalmente debe haber deseado nunca haber nacido. El dolor que sufrió a lo
largo de cuarenta y cuatro amargos e infernales días es inimaginable. Pocos
crímenes son tan atroces… aunque los ha habido…
El caso de Junko recuerda otros muchos. En la antigua Roma,
por ejemplo, el emperador Tiberio ordenó la muerte de la adolescente Junilla,
hija de su enemigo —también ejecutado— Sejano. Como era inaudito que una virgen
fuera ejecutada, Tinerio ordenó al verdugo violarla antes.
Los romanos acostumbran hacer que diversas fieras, como
leones, tigres y osos, violaran a las mujeres esclavas frente a las
muchedumbres en el Coliseo, las cuales eran ultrajadas por estas bestias antes
de ser devoradas por las mismas.
La filósofa romana Hipatia de Alejandría, brillante matemática,
científica y pensadora del siglo V, considerada una de las mujeres más bellas
de su tiempo, fue atrapada por una enfurecida turba de fanáticos cristianos que
la desnudaron, la arrastraron así por las calles de Alejandría, para luego
violarla y arrancarle la carne de los huesos con ostras afiladas.
Juana de Arco fue arrestada y llevada a Inglaterra donde, en
los calabozos de la Inquisición, fue violada, torturada y luego quemada viva
siendo tan sólo una adolescente.
La heroína indígena boliviana Bartolina Sisa, quien lideró
una revuelta contra los españoles en el período colonial, fue traicionada por
sus hombres y enviada a un calabozo donde la valerosa guerrera fue torturada,
violada y luego humillada públicamente —siendo obligada a cabalgar desnuda mientras
la gente de la ciudad la escupía y apedreaba— para luego ser ejecutada por las
autoridades hispanas.
Realmente a lo largo de la historia muchas mujeres han
sufrido el destino terrible de ser torturadas, violadas y asesinadas, en muchos
casos siendo dulces adolescentes. Pero de todas, quizás, una de las que padeció
el peor de los sufrimientos fue sin duda la japonesa Junko Furuta en 1988…
La puerta del refrigerador se abrió. En su interior estaba
Junko, aún viva pero presa de tremores epilépticos por el frío. Era una tortura
que usaban habitualmente. Se había orinado y defecado en aquel lugar pues,
después de la forma en que despedazaron su ano y vagina, Junko no podía
controlar sus esfínteres. Además, le tomaba casi una hora subir las escaleras
para ir al baño pues tenía el cuerpo demasiado herido.
Su ojo izquierdo había sido cerrado por la quemadura de una
vela, así que miró a sus captores con el único ojo que todavía podía usar. No
sabía lo que ellos pretendían y, a ese punto, no le importaba.
Cansados de ella, los torturadores de Junko la colocaron
sobre el césped de la casa y la llenaron de gasolina, para luego prenderle
fuego. Ella emitió alaridos con sus últimas fuerzas, pero la dosis de
combustible no fue suficiente para matarla. Permaneció agonizando
quejumbrosamente durante horas hasta que las dolorosas quemaduras finalmente le
provocaron la muerte.
Aunque escondieron su cadáver en cemento y luego se
deshicieron de él, el cuerpo de Junko y las evidencias de lo sucedido fueron
hallados por la policía y esta dio con el arresto de los responsables.
Los cuatro perpetradores fueron condenados por secuestro y
por lesiones graves que provocan la muerte. No fueron condenados por violación
ya que Junko había sido violada tan repetidamente y por tantas personas que
resultaba imposible tomar evidencias fiables de ADN. Tampoco de se les condenó
por homicidio premeditado ni por tortura. Sus victimarios pasaron unos cuantos
años en prisión, salieron, se casaron, tuvieron hijos, rehicieron sus vidas sin
problemas. Tuvieron existencias plenas y dichosas.
Pero, quizás lo más tétrico del caso, es que ellos mismos
admitieron que una centena de personas conocía de la situación de Junko Furuta,
incluyendo los dueños de la casa donde estaba prisionera y las muchas personas
que la violaron. Este tipo de eventos tan monstruosos nos permite darle un
vistazo a la sociedad humana y su incalculable perversidad…
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asquerosas mierdas ojala que ardan en el infierno y que no tengan piedad de sus inmundas almas
ResponderBorrarHijos de su madre, que se pudran en el infierno y que sus malditas y podridas almas se destruyan con tal lentitud que desearan nunca haber nacido, son mierda
ResponderBorrar¿Salieron? ¿Se casaron? ¿Tuvieron hijos, vidas plenas y existencias dichosas? ¡Son pura mierda!, se que insultarlos no arregla nada amiga, pero aslo si te sinetes bien, aunque el daño ya esta echo.
ResponderBorrar¿Salieron? ¿Se casaron? ¿Tuvieron hijos, vidas plenas y existencias dichosas? ¡Son pura mierda!, se que insultarlos no arregla nada, pero haslo si te sientes bien, aunqeu el daño ya esta echo.
ResponderBorrarmas que mierda , eso simplemente no tiene nombre la peor escoria , esos seres infernales se pudrirán o espero que mueran cada uno sufriendo tanto como aquella inocente joven
ResponderBorrarEl dolor
ResponderBorrarEl ahogó en sangre
Para una adolescente de apenas 16 años
Es devastador
Es triste
Es sin duda algo totalmente cruel
Mentes macabras
hijos de puta ojala se mueran y se pudran y en sus otras vidas les hagan lo mismo
ResponderBorrarla crueldad humana no tiene límites, el ser humano es el verdadero animal que no razona de sus actos y a algunos no les importa si lastiman a sus semejantes o a los que no lo son, se me hace una gran estupidez que siendo seres con conocimiento, utilicen ese don solo para acabar con nuestra raza o las demás con guerras y matanzas, y no usarla para evolucionar de manera correcta
ResponderBorrarel autor de este relato es un maldito sádico de mierda que desfruta narrado barbaridades que seguramente le provocarían orgasmos; maldito hijo de puta..esa chica solo era una niña y con un poco de imaginación sana podía haber sido tu hija ...te gustaría que hagan algo así a tu propia hija ??? maldito hijo de puuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuta
ResponderBorrarTristemente es una historia real
BorrarUna de las historias más macabras y horribles que he escuchado jamás,como puede haber gente tan extremadamente cruel es un misterio para mí,ahora entiendo la frase la realidad siempre supera la ficción.
ResponderBorrarLa verdad que triste y que impotencia da de que solo fueran pocos años sus condenas
ResponderBorrarLa forma de redactar la historia parece una historia de wattpad, repitiendo el mismo vocabulario una y otra vez, le quitó el sentimiento a la historia, aunque sea real y sienta pena por la victima, no me gustó como está escrita la historia ://
ResponderBorrarSon una puta mierda, una escoria, no merecen ser llamados humanos ni animales por que lo que hicieron fue tan cruel y asqueroso que sería una pena insultar a los animales llamándolos así a esos asquerosos sádicos parásitos de mierda, ojalá tengan o hayan tenido una muerte miserable y mil veces peor que la que tuvo Junko que en paz descanse. Esos miserables mierdas no tenían ningún derecho para arrebatarle la vida de una manera tan cruel a una joven solo por el rechazo. Y a todos los inmundos que tengan pensamientos iguales a los que tuvieron esos asquerosos ojalá se pudran y desaparezcan de una vez por que lo único que hacen es desperdiciar oxígeno. No sirve de nada decir esto por que el daño ya está echo pero me siento un poco mejor mandando a la verga a los enfermos mentales asqueroso de mierda que están mal de la cabeza como los agresores de Junko.
ResponderBorrarLa maldad humana . El humano el ser inteligente que gracias a esa inteligencia es capaz de producir dolor de muchas formas. El humano el ser que sus acciones llegan a ser injustificables y macabras . Lastimosamente existio existe y seguirá existiendo ese tipo de gente . O no gente mounstros
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