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El Taxista (Leyenda)



Aproximadamente hace 7 años el primo de mi cuñado murió en un trágico accidente automovilístico tenía 16 años se llamaba Héctor era de el Llano Guanajuato. Cuenta un taxista de Tarimoro Guanajuato que subía gente para el llano ya que eran más o menos 30 minutos de camino.

Una noche un muchacho le pidió un aventón para su casa el taxista estaba de acuerdo ya que eran casi las 9 de la noche, el taxista relata que el muchacho no hizo platica en todo el camino cuando llegaron a el Llano el muchacho le dio direcciones de donde vivía el taxista llego a su casa, cuando se abajo le dijo al taxista que esperara para pagarle, después de 20 minutos el taxista ya estaba cansado de esperar así que toco la puerta donde vio el muchacho meterse le abrió una señora y le pregunto que se le ofrecía, el taxista dijo con un muchacho de pelo cafe y chamara negra le dijo que le pagaría ya que lo había traído hasta aquí, la mujer asombrada le dijo al taxista que se pasara y fue cuando la mujer le pregunto que si era el (le mostro una fotografía),  el taxista dijo que si la señora dijo que era su hijo y había fallecido hace unos meses en la carretera rumbo a tarimoro el taxista se fue espantado y nunca volvió a llevar gente al llano.


Historia envía por - Estrella Guzman

En el bus | On the Bus


Las calles, caminos y carriles polvosos de Colombia han sido territorio fértil para mitos y leyendas incluso antes de la llegada de los españoles. Se habla de cuentos como La Patasola, un alma en pena de una pierna que está por siempre en la búsqueda de su hijo, y como El Duende, un trasgo con las piernas invertidas que conducía a viajeros a su perdición, perturbando por siglos su tranquilidad. Aunque estas historias principalmente inquietaban a aquellos que circulaban o residían en áreas rurales, el crecimiento de las ciudades trajo consigo un florecimiento de leyendas urbanas cimentadas en la desconfianza que todavía albergamos en algún lugar dentro de la tecnología moderna. Un ejemplo de esto es el bus fantasma que presuntuosamente merodea las calles de la ciudad por las noches. Según se relata, mujeres jóvenes que lo abordan desacompañadas son encontradas mutiladas en campos de la periferia unos días después; una mirada irreparable de profundo terror ilustra el momento de su último y atormentado aliento.

Con eso dicho, dado a que ciertamente no eres una jovenzuela —al menos no la última vez que revisaste— y son las cuatro treinta en un martes por la tarde, buses fantasmas y duendes minusválidos son la última cosa en tu mente. Has estado usando el sistema de transporte público de Bogotá por más de dos décadas y tu mayor preocupación es que los niveles de tráfico han sido todo menos manejables desde que el último alcalde tomó el cargo. Sin embargo, tu casa está a ochenta bloques de distancia, así que tu única opción es esperar hasta que el bus correcto llegue. Caminar seguramente tomaría más que lidiar con algún embotellamiento.

Cuando el bus mostrando la señal de ruta que esperabas se asoma, su tarifa es doscientos pesos más baja que la cobrada estos días. Indicio de que el vehículo en cuestión es más antiguo y un poco menos confortable que la mayoría, pero a ningún conductor de buses en la historia le ha importado un comino eso. Ciudadanos que se consideran más ricos y «por sobre» este medio de transporte pagan siete veces más por ser paseados en un taxi, exponiéndose estadísticamente a mayores probabilidades de ser asaltados. Más poder para ellos, ¿eh?

Como nunca eres alguien que deja ir la oportunidad de conseguir más descuento, le preguntas al conductor si te llevaría solo por mil. Los ojos del hombre ni se apartan del camino en lo que toma tu billete y lo desliza en el monedero colgando de la palanca de cambios. Satisfecho, diriges tu atención a la cabina; lo que haría este viaje ideal sería un asiento desocupado.

Curiosamente no hay suficientes pasajeros como para que alguien tuviera que ir de pie. Unos cuantos asientos disponibles a la vista, así que escoges uno en la izquierda, por el centro del bus. Tanto el asiento del pasillo como el de la ventana están libres, y suspiras agradecido en lo que te recuestas sobre uno con tu pierna descansando en el otro. Este viaje no debería llevar mucho.

La radio del conductor está apagada y la batería de tu celular murió hace una hora; sin nada más que hacer pasas el rato viendo por la ventana, observando vendedores ofrecer su mercancía y conductores moviendo su cabeza al ritmo de cual sea la música que escuchan. 

La posición que tomaste rápidamente comienza a volverse incómoda para tu espalda, entonces te enderezas y te das un momento para examinar a tus compañeros de viaje. 

Ninguno de ellos parecen estar viajando juntos, dado que todos están en silencio mirando al frente del bus. Son también inusualmente viejos —no en el sentido de que tienen más de cien, pero en que ninguno parece tener menos de sesenta y cinco—. Encuentras esto un poco extraño, y por un momento la idea de que no perteneces ahí se dispara en tu mente. 

Es un pensamiento tonto, pero combinado con el particularmente fuerte —aunque no necesariamente atípico— olor a moho y metal te hace esperar impaciente el final del viaje. 

Como restan todavía otros treinta o cuarenta bloques, vuelves a mirar por la ventana y dejas que tu mente fluya por un tiempo.

El anuncio de la Pastelería de Pacho te saca de tu ensueño veinte minutos después. Te levantas y haces tu camino a la salida posterior, donde buscas por el pequeño botón plateado que le hará al conductor saber que has llegado a tu parada. Cuando lo encuentras bajo la puerta, notas que nadie ha abordado ni salido del transporte desde que te subiste. Dejándolo a un lado como otra extraña coincidencia, presionas el botón y te agarras de la

Estás acomodado en tu asiento, tu vista dirigida hacia el frente del bus.

Qué… ¿qué acaba de pasar? Miras alrededor y distingues que todos están sentados como hace un segundo. Tratar de hacer contacto visual con ellos es inútil, parecen estar perdidos divagando en lo que sea que sus viejas mentes divaguen. La necesidad de decir algo te llega, pero escoges permanecer silente. ¿Qué dirías, de todas formas? Estabas probablemente tan sumido en tus pensamientos que de seguro imaginaste haberte levantado a sonar la campana del conductor. Sí, tuvo que ser eso. Además, estás dos bloques tras tu parada, debes bajar del bus. Te levantas una vez más y te diriges a la salida trasera, algo intranquilo por el estoico desinterés de los otros pasajeros de lo que ocurre a su rededor.

Ahí está el botón, justo donde recuerdas que estaba. Excepto que no puedes recordarlo, por supuesto, pues nunca has estado realmente aquí atrás; quizá lo viste de reojo cuando entraste al bus. Tras agarrar el pasamanos —estos conductores ocasionalmente paran al mero instante que suena la campana—, pones tu pulgar en el botón

Estás acomodado en tu asiento, tu vista dirigida hacia el frente del bus.

Un frío desgarrador recorre tu espalda, que no decae, y en su lugar se esparce a través de cada una de tus extremidades. No es un cambio de temperatura en tu cuerpo o el ambiente, es el escalofrío que sientes cuando de pronto eres consumido por ese miedo que ligeramente precede al terror. No sabes exactamente qué ocurre, pero te quieres ir, ya no quieres seguir ahí ni un momento más. Un sentimiento de amarga soledad ahora está royendo tu mente; lo que sea que estas persona a tu alrededor piensan, claramente no les interesa en lo absoluto lo que está pasando contigo.


Por lo tanto, una vez más decides guardar silencio y solo levantarte de tu asiento, obviando el hecho de que lo hiciste con menor agilidad con la que normalmente lo hubieras hecho. Lo único que pretendes en este momento es salir del bus. Además, ya ha avanzado más de diez bloques pasada tu calle, una distancia desagradablemente larga para caminar.

En lo que reanudas tu trayecto hacia la parte trasera, una mujer anciana en las últimas filas voltea hacia ti. Su expresión no te dice nada, pero la manera en que te mira —en tu torso, para ser precisos—, como si fueras solo otra parte del vehículo, llevan más allá la casi abrumadora sensación de terror ahora corriendo por tus venas. La ignoras, no puedes entrar en pánico, no ahora. Te paras en la parte trasera del bus y en lugar de ir por el botón, le gritas al conductor. Le dices que pare, que te deje ir, que ya has sonado la campana dos veces; pero nada viene de él. Lo maldices, le dices de qué morirá y deseas que males terribles caigan sobre su ser, pero la puerta continúa asegurada. El hombre no está escuchando. O no le importa. O no quiere que te bajes. Pero a ti no te interesa lo que él quiere o no, así que te agarras del pasamanos, das un paso atrás que te da impulso, y tiras una sólida patada directo a la columna de bisagras que

Estás acomodado en tu asiento, tu vista dirigida hacia el frente del bus.

El Callejon del Aguacate. (Leyenda)




La leyenda del Callejón del Aguacate, se remonta a la época de Lázaro Cárdenas en la que se cuenta que un militar frío y solitario que vivía sobre el callejón, daba la vuelta por este lugar percatándose de la presencia de un niño que anhelaba jugar con él porque le atraía su uniforme. El militar se molestaba por esto y un día ante la insistencia del niño, lo golpeó brutalmente llevándolo hasta el árbol que se encuentra en una esquina atrás de la virgen y lo ahorcó en el árbol.

Grýla – Un Monstruo Navideño



En Navidad no todo es Papá Noel, regalos y fiestas. Existen criaturas, como la ogresa Grýla, que cada año (como si fueran la antítesis de Santa Claus) baja a pueblos y ciudades en busca de los niños que se han portado mal durante el año…

Los niños islandeses saben muy bien que deben portarse bien durante todo el año o de lo contrario podrían acabar como la cena de Grýla, una gigantesca criatura mitad troll mitad animal que cada año, y únicamente por Navidad, baja de la cueva donde habita a secuestrar y guardar en su saco a todos los niños que han sido desobedientes.

A pesar de que pasa la mayor parte del tiempo en la montaña, donde se esconde en una cueva imposible de localizar, es capaz de distinguir que niños han tenido un mal comportamiento y cuales han sido obedientes. Estos últimos pueden estar tranquilos, pues la Grýla los ignorará totalmente, e incluso aunque entre en sus casas a buscar a alguno de sus hermanos, nunca los tratará de atrapar ni los devorará.

Y es que esta criatura que a veces es descrita como una ogresa, otras como un gigante y en algunas ocasiones se afirma que tiene sangre de trol, tiene un gusto especial por los niños que se han portado mal, ya que al parecer tienen un mejor sabor. Una vez que los detecta no duda en devorarlos vivos en sus camas si tiene demasiado hambre, aunque habitualmente lo que suele hacer es guardarlos en un saco para llevarlos a su guarida donde los cocina vivos para hacer un rico estofado que se comen ella, su mascota y su marido.

Ciudad sin luz


¿Hay alguien en tu vida que odies? ¿Alguien por quien darías cualquier cosa para hacerle daño, por quien pagarías cualquier precio a cambio de venganza? Si es así, quizá deberías considerar ir a la Ciudad Sin Luz.
Para ir ahí, ve a cualquier ciudad relativamente grande y busca un callejón abandonado por la noche. Entra en él, y cierra tus ojos lo más fuerte que puedas. Di en voz baja «Ciudad Sin Luz» y concéntrate en la oscuridad. Probablemente has notado que ves colores difuminados y figuras abstractas si enfocas tu vista cuando tienes los ojos cerrados; observa esas imágenes. Luego de unos minutos, deberían empezar a volverse más claras y brillantes.

Cuando esto ocurra, irán tomando formas concretas: imágenes de asesinatos violentos, animales deformados y semejantes. No importa lo que veas, mantén tus ojos cerrados. Comenzarás a perder la noción del tiempo, pero eventualmente las imágenes se detendrán y sólo verás oscuridad absoluta, nada más que un tono negro profundo, sin otros colores ni formas. Cuando estés seguro de que has alcanzado este punto, abre tus ojos.
Ahora te encontrarás en una ciudad bastante oscura, no habrá una sola luz o estrella en el cielo. Deberías poder ver las siluetas azul oscuro de los edificios a tu alrededor. Sal del callejón y camina tan silenciosamente como te sea posible por la acera, sin ir en ninguna dirección en particular.

Si escuchas algún movimiento, aléjate tan rápido como puedas del ruido. En la Ciudad Sin Luz habitan animales. Estará muy oscuro como para distinguir bien sus rasgos, pero son del tamaño de los grandes felinos y matarán a cualquier humano que atrapen. Sigue caminando hasta que llegues a un área con edificios más pequeños; el límite de la ciudad.

Te encontrarás con un niño,

Un Huevo


Fue un accidente de auto. Nada particularmente destacable, pero fatal sin duda. Dejaste a una esposa y dos hijos. Los paramédicos hicieron su mejor esfuerzo por traerte de vuelta, pero no había nada que hacer. Tu cuerpo estaba completamente destrozado, fue mejor así, créeme.
Y entonces me viste.

—¿Qué… qué ocurrió? —me preguntaste—, ¿dónde estoy?

—Moriste —te dije de una vez. No hay por qué andar con rodeos.

—Había un… un camión, y se estaba saliendo del camino…

—Un choque.

—¿Morí?

—Pero no te sientas mal por eso. Todos mueren.

Miraste alrededor. No había nada, sólo tú y yo. —¿Qué es este lugar? —me preguntaste—. ¿Es lo que hay después de la vida?

—Más o menos —te respondí.

—¿Eres Dios?

—Sí, lo soy —te dije, para tu estupefacción.

—Mis hijos… mi esposa…

—¿Qué con ellos?

—¿Estarán bien?

—Me gusta eso. Apenas moriste y tu mayor preocupación es tu familia. Eso es bueno.

Me miraste fascinado. Para ti no me veía como Dios, me veía como cualquier hombre. Alguna vaga figura de autoridad. Más un profesor de gramática que el Todopoderoso.

—No te preocupes —te dije—, estarán bien. Tus hijos te recordarán como alguien perfecto en todos los sentidos. No tuvieron tiempo para guardarte algún rencor. Tu esposa se lamentará en público, pero secretamente sintiéndose aliviada. Para ser sincero, tu matrimonio estaba desmoronándose. Si te sirve de consuelo, se sentirá muy culpable por sentirse aliviada.

—Ah… Entonces, ¿qué pasa ahora?, ¿podré ir al Cielo o al Infierno o algo así?

—A ninguno. Reencarnarás.

—Vaya —murmuraste—, los hindúes tenían razón.

—Todas las religiones tienen razón a su manera. Ven conmigo.

Seguiste preguntando mientras paseábamos por el vacío. —¿Dónde vamos?

—A ningún lugar en particular. Es agradable caminar mientras hablamos.

—¿Cuál sería el punto de esto? —no demoraste en preguntarme—. Cuando renazca, seré como un pizarrón en blanco, ¿no? Un bebé. Y así toda mi experiencia y lo que hice en esta vida no importará.

—Te equivocas, tienes contigo el conocimiento y experiencias de todas tus vidas pasadas, sólo que no lo recuerdas ahora mismo —paré de caminar y te tomé por los hombros—. Tu alma es más hermosa, magnífica y gigante de lo que puedas imaginar. Una mente humana puede contener apenas una fracción de lo que eres. Es como meter tu dedo en un vaso de agua para ver si está caliente o frío. Pones una pequeña parte de ti en el vidrio, y cuando lo quitas, consigues toda la experiencia que tenía.

»Has sido un humano por los últimos 34 años, en estos instantes no puedes sentir el resto de tu inmensa conciencia. Pero si nos quedáramos aquí por más tiempo, comenzarías a recordar todo. Claro que no tendría sentido hacer eso entre cada vida.

—Supongo que habré reencarnado infinidad de veces…

—Oh sí, muchas veces, y en muchas vidas distintas. Esta vez reencarnarás en una campesina china del año 540 d. C.

—No, ¿qué? —tartamudeaste—, ¿me enviarás al pasado?

—Pues, técnicamente. El tiempo, como lo conoces, sólo existe en tu universo. Las cosas son diferentes de donde vengo.

—¿De dónde vienes? —curioseaste.

—¡Oh claro! —te empecé a explicar—. Vengo de algún lugar… un lugar distinto a éste. Donde hay otros como yo. Sé que querrás saber cómo es ahí, pero sinceramente no entenderías.

Estabas algo decepcionado. —Pero en tal caso, si reencarno en otros lugares y épocas, ¿podría interactuar conmigo mismo en algún momento?

Stinka, la bailarina oscura.



Lo primero que escucharas sera una siniestra melodia acompañada por la fria noche, sentiras tus bellos erizar, y, unas pasos que bailan a compaz, si sientes esto, lamento decirte que, ella a venido a por ti.


Era una noche cualquiera mientras esperaba la llegada de mis amigas, miraba facebook para no aburrirme, al escuchar el sonido del timbre baje rapidamente las escaleras para recibir a marie y holie.

– Oye tu!, no me habias llamado en dos dias!, que te a pasado?- pregunto marie.

– No es nada marie, solo e estado algo ocupada, ya?- dije con pereza. Entramos a la casa y  subimos las escaleras.

Platicabamos de cosas triviales hasta que holie menciona algo curioso.

-Adivinen que paso hoy?, estaba viendo una caja de cosas viejas de mi abuela, y me eh encontrado una especie de diario, por lo que decia, pertenecia a una chica de 11 años, contaba la historia de una supuesta bailarina, pero luego todo se torno mas siniestro, decia que un dia estaba admirando el hermoso ballet de una chica en un sitio algo solo, y hasta se habia atrevido a hablarle, la chiquilla le pregunto su nombre, y le dijo que se llamaba “stinka”, esta pequeña iva todos los dias sin falta a ver el hermoso baile de aquella chica, pero, un dia lo unico que encontro fue el horrible vacio de aquel lugar, dejandose llevar por la curiosidad, vio un pequeño bolso desgastado, al abirlo, se encontro con unas garabatas, y tambien con una nota, esta decia asi:

“Paso, paso, yo ire a por ti, escucha la melodia, disfruta el vivir, paso, paso, stinka esta a aqui, dile adios a todo, por que viva, no lograras salir”.

– Mi abuela me ah dicho que esa nota pertenecia a una chica de su familia, y que un dia habia desaparecido repentinamente, y no se supo mas de aquello. No les resulta curioso?- Pregunto holie mirandonos.
– bueno pues, parece mas una casualidad- comento marie riendo.

Yo no habia hablado, lo unico que sentia era miedo, por que temia?, sabia que aquello no era real.
-Y, que mas sabes de esa historia?- le pregunte a holie.

– Mi abuela me ah dicho que un dia otra pequeña vio a aquella bailarina, y que habia corrido a contarle a su madre, preguntandole si conocia a aquella chica. La madre miro a su hija a los ojos, y le dijo que si la habia llegado a conocer, era una joven chica que tenia como mayor sueño ser bailarina, pero sus padres se negaban a ello, un dia grabo su ultimo baile, y se suicido. Se dice que la puedes atraer cantando una cancion mientras bailas al compaz, sabras si esta alli cuando sientas una oscura melodia, se dice que tus bellos se van a erizar, y escucharas los pasos se sus zapatillas, al esta haber llegado, nadie escapa.

Cuando holie termino su historia senti muchos nervios.

– Oh bueno, es una historia tenebrosa- dijo marie riendo.

Al llegar las doce marie y holie decidieron invocar a aquella bailarina, una idea que no me agrado en absoluto.

– Oh vamos lili!, es solo una historia, sabemos que no pasara nada, solo es diversion- Me dijo marie. Al final solo asenti.

Ellas empezaron a tararear una cancion y a bailar lentamente, yo solo las segui en silencio. Como todas esperabamos, no paso nada, asi que decidimos ir a dormir. Me recoste en mi cama junto a ellas, ya que era grande, despues de pensar miles de cosas, mas que todo en aquella historia, me dormi.

Paso, paso, yo ire a por ti, escucha la melodia, disfruta el vivir, paso, paso, stinka esta a aqui, dile adios a todo, por que viva, no lograras salir.

Fui despertando lentamente mientras escuchaba aquel sonido.

Paso, paso, yo ire a por ti, escucha la melodia, disfruta el vivir, paso, paso, stinka esta a aqui, dile adios a todo, por que viva, no lograras salir.

De repente escucho una melodia, mis bellos se erizaron.

Siento pasos lejanos, cada vez mas cerca y mas cerca, escucho aquella cancion filtrandose en mi oidos.
Paso, paso, yo ire a por ti, escucha la melodia, disfruta el vivir, paso, paso, stinka esta a aqui, dile adios a todo, por que viva, no lograras salir.

El cuadro maldito de eBay

En uno de los primeros artículos, hablamos de la maldición de los cuadros de Bruno Amadio, famosos por ser unos cuadros malditos.



"The hands resist him", (Las manos lo resisten), es el cuadro de 1972 que se hizo famoso por venderse en eBay como una pintura embrujada, obra realizada por el pintor americano, Bill Stoneham en 1972.

En ella podemos ver a un niño junto a una muñeca de gran tamaño de pié, delante de una puerta con cristales contra los que muchas manos presionan.

El autor afirma que es un retrato de sí mismo cuando tenía 5 años, y la interpretación que da es que la puerta representa el límite entre el mundo de la vigilia y el de sueños. 

La muñeca es la guía y las manos representan las posibilidades de vida del niño

A priori, contado así no es más que otro cuadro que gusta o no gusta, pero en febrero del año 2000, se labró una reputación terrorífica tras escribir el vendedor en la descripción del artículo, su aterradora historia y propiedades únicas.

La historia de este cuadro es un tanto curiosa. Se mostró al público por primera vez en una galería de Louisiana en 1970. Poco después, lo compró el actor John Marley, famoso este por ser Jack Woltz en El Padrino. Poco después de morir Marley, el cuadro fue adquirido por un joven rico de california.

Desde ese momento, no se supo nada del cuadro hasta que se puso a la venta en eBay en el año 2000. El vendedor aseguraba en su descripción, que además de poder adquirir el cuadro, compraría una maldición.

La descripción del anuncio rezaba así:

"Cuando recibimos esta pintura, pensamos que se trataba de una obra de arte realmente buena.
Un anticuario la habia encontrado abandonada en la trastienda de una vieja fábrica de cerveza.
Inmediatamente nos preguntamos qué era lo que había conducido al abandono de una obra de arte de tan obvia calidad.(Ahora lo sabemos)
Una mañana nuestra hija de 4 años dijo que "los niños de la pintura se estaban peleando", y muy asustada, nos pidió pasar la noche en nuestra habitación.
Yo no creo en OVNI’s o que Elvis esté vivo, pero mi esposo se alarmó.
Para mi sorpresa, él puso una cámara con sensor de movimiento durante las noches enfocando directamente al cuadro, y después de 3 noches hubo algunas imágenes.
Las últimas dos imágenes que se muestran son del “despegue”
Después de ver al niño aparentemente saliendo de la imagen, decidimos que la obra se tenía que ir.
Por favor, júzguelo por usted mismo".

LA NIÑA DEL VASO CON AGUA


 Un día, un forastero decide hospedarse por unos días en una casa de un pequeño pueblo y luego continuar su viaje.
En el primer día de su instancia en el pueblo, el forastero ya dormido a la media noche escucha que alguien llama a su puerta.

el forastero aun soñoliento se pregunto quién tocaba a estas horas, al abrir la puerta se encuentra con una niña con quemaduras, entonces el forastero le pregunto: ¿ niña que necesitas de este extranjero a estas horas?, ella respondió, ¿me regalaría un vaso con agua?, el forastero abrió su petaca de agua y le regalo un vaso, después de darle el vaso con agua la niña se retira.

Al día siguiente la misma niña fue a la misma hora a la casa del forastero y le pidió lo mismo....... así pasaron 4 días seguidos que la niña iba a pedir un vaso de agua. El Forastero decidió preguntarle a la niña para que quiera tantos vasos de agua, esperó que fuese la media noche, y llegada la hora la niña toco la puerta. El forastero abrió la puerta y la niña le pregunto si podía regalarle un vaso de agua, el forastero saca un poco de agua y le da a la niña.

La Muerte Blanca


En estos momentos estoy sentado frente a mi computadora, inmóvil de miedo. En cualquier momento seré asesinado.

Hoy, un amigo mío me contó una historia.

Su tía lo cuidaba desde que era un pequeño, y hace un par de noches le contó como murieron sus padres. El hizo una muy buena imitación de ella (yo los conocía muy bien):

Estaban realizando un trabajo en algún pequeño y sucio pueblo en Costa Rica, cuando un hombre entro agitado en el hospital de los misioneros una noche, totalmente aterrorizado. Les dijo que su hermana había sido asesinada por la Muerte Blanca, y que él estaba seguro de que vendría ahora por él. Que es la Muerte Blanca? Aparentemente es una especie de coco, algo como ese estúpido chupa cabra o algo así. La gente del pueblo le llamaban la Muerte Blanca, o la niña de blanco, porque se supone que es el espíritu de alguien que odio tanto la vida, que ella juro regresar por las personas que se atrevieran a hablar de ella.

La hermana del hombre, le contó sobre el espíritu vengador horas antes de su muerte. Era una niña con ojos enormes y muertos en sus órbitas, los cuales lloraban bilis. Esa cosa se movía sin siquiera mover sus pies, y seguía a sus víctimas hasta su casa. Ahora, si tú no te habías dado cuenta de que esa cosa te seguía, una vez que llegaras a tu casa, comenzaría a tocar la puerta de tu recamara…

Una vez por tu piel, la cual usara para reemplazar su piel decadente.

Dos por tus huesos, los cuales usara como armas para matar a sus víctimas.

Tres por tu Corazón, el cual usara en su cuello.

Cuatro por tus dientes, los cuales pulirá y mantendrá como trofeos en una caja.

Cinco por tus ojos, con los que vera a tus seres queridos.

Seis por tu alma, la cual se comerá por completa – Nunca descansaras jamás una vez que estés dentro de ella.

Ella repetirá esto en cualquier espejo o puerta que este entre tú y ella.

No podrás correr más rápido que ella, pues es más rápida que el hombre más rápido del mundo. Y si huyes de tu casa cuando ella está tocando la puerta, no será tan Cortés contigo una vez que regreses y clame tu alma.

El hombre estaba completamente seguro de que esta cosa había matado a su hermanita. Trato de ir con la policía, pero nadie quiso escuchar. Fue con el sacerdote del pueblo, pero en cuanto el sacerdote vio a esta cosa tras de él, lo corrió de la iglesia. Resulta que esta cosa solo vendrá por ti si ves como ella asesina a alguien, o si alguien, quien sea y como sea, te cuenta sobre la Muerte Blanca. El hombre en cuanto termino su historia, robo un auto, escapo, y nunca jamás lo volvieron a ver”.

Aparentemente, los papas de mi amigo le contaron a su tía inmediatamente después de que el hombre huyera de la misión, y al día siguiente, encontraron sus cuerpos destazados y sin piel. Lo más extraño de todo esto? Sus cuerpos estaban cubiertos de pequeñas manitas…

Amigas hasta... la muerte




Era una noche de muchísimo frío, uno de esos días que esta muy nublado y apunto de llover. Los padres de Elisa se iban ese día de segunda luna de miel y Elisa estaría sola en casa.

Elisa era una chica muy rebelde y festivalera, así que aprovecho la ocasión para hacer una fiesta pijama con sus amigas.

Elisa comenzó con "prenda o atrevimiento" la fiesta. Prenda o atrevimiento era un juego en que consiste en preguntar a una persona "¿prenda o atrevimiento? si dice prenda tiene que quitarse algo que lleve puesto, si dice atrevimiento la persona elige a una de las jugadoras que elegirá su castigo.

Después del turno de Irene, era el turno de Elisa. Elisa dijo que prefería atrevimiento y dijo que quería el reto hecho por maría. María era una chica gótica muy callada y con una mirada algo siniestra, maría se lo pensó un poco y dijo:

Ve hacía el cementerio del pueblo y grita "atreveos, muertos, ¡¡matadme!!".

Elisa era muy competitiva, así que agarró las zapatillas y una linterna y se fue al cementerio. Sus amigas se aseguraron de que lo iba a hacer así que fueron al cementerio con Elisa. Tras un buen rato caminando por las calles desiertas llegaron al cementerio.

Atreveos muertos, ¡¡matadme!!Gritó Elisa a pleno pulmón bueno, ya lo hice, ¿no? pues vámonos de aquí.

No dijo maría esta es sólo la primera parte del reto

La niña de cabeza de muñeca.

 (don't image sorry =P)



Para empezar tengo que decir y poner en claro que no estoy loco lo que me paso fue verdad a pesar de lo increíble que vaya sonar esta historia.

Para empezar are una pequeña narración de una terrible historia que paso ase mucho, verán en Aguascalientes hay un parque conocido como el parque Héroes, pero antes de ser tal parque el terreno lo ocupaba un pequeño aeropuerto y en este aeropuerto paso algo realmente terrible. Un día uno de los hombres que mantenía las maquinas llevo a su hija a su trabajo sin saber lo que pasaría. Durante ese día el hombre estaba trabajando en una turbina descompuesta y trataba de repararla, su hija la cual llevaba consigo su muñeca, una muñeca  casi del mismo tamaño que la niña, ella está jugando por los alrededores y a pesar de las advertencias de su padre la niña se acercó a la turbina. En cuanto la repararon los hombres de mantenimiento la encendieron sin fijarse que la niña estaba cerca de ella, ya se imaginaran lo que paso la pobre niña fue succionada por la turbina, un grito fue lo último que se oyó de la pequeña, la turbina cercenó la cabeza de la pobre niña y a su muñecas, pero eso si nunca se encontró el cuerpo de la muñeca y también nunca se encontró la cabeza de la niña.

Pasaron los años el aeropuerto cerro y se abrió el parque héroes y aquí empieza mi historia.

La mancha en el muro




 Todos en la familia estaban sorprendidos con la visita de Enzo, pues desde que se independizó, pasaban demasiados días para disfrutar de su compañía, cuando dijo que se quedaría algunos días, fue difícil creerlo. También resultaba raro que no trajera consigo algunas de sus pertenecías, ni siquiera una moda de ropa. Aun así, lo recibieron con una sonrisa.

Al paso de los días, notaron algo raro en su actitud, él se veía mal, descuidaba su aspecto, además no comía ni dormía bien, solo se encerraba en una habitación y estaba tan nervioso que su propia respiración lo asustaba. Por más que insistieron en saber el motivo de su desesperación, se mantenía en silencio, y se marchaba comiéndose las uñas.
Decididos a averiguar lo que le sucedía aunque no fuese de su propia boca, dos de sus hermanos fueron a su apartamento, para buscar algún indicio de su estado de ánimo. Apenas entraron, vieron que el lugar era todo un desastre, los muebles estaban apilados en las esquinas, y las paredes llenas de machas negras semejantes al moho, quisieron explorar más, pero un fétido olor que venía de todas partes les obligó a salir corriendo de ahí.

Volvieron a casa cuestionándolo por lo que vieron, entonces les dijo que todo empezó con ruidos en el apartamento de arriba, después apareció una pequeña mancha en la esquina de su habitación, y un día mientras se rasuraba frente al espejo, vio que la suciedad se expandía a marcha acelerada, antes de que pudiese voltear su cabeza, en el reflejo presenció todo; el pálido rostro de una jovencita emergía de aquella negrura, cargaba en en él dolor y sufrimiento, y en la cuenca de sus ojos, no había otra cosa que oscuridad. Cuando miraba fijamente, ni siquiera la notaba, pero sabía que ella estaba ahí por ese fétido olor que ya no se marchó.

CeaseToExist.mp3 (presuntamente real)


Sé que es difícil creer en algo cuando no se tienen pruebas, sobre todo si se trata de un asunto en el que los hechos parecen fragmentos de una historia de terror. Sin embargo, debo compartir esto con el mundo; todos deben conocer los peligros que acechan a los cibernautas curiosos y ávidos de nuevas experiencias, todos deben saber las consecuencias de tomar una decisión sin reflexionarla. Hago esto con la finalidad de prevenirlos.

Soy una personas cuya vida ha estado plagada de vicios. Siendo relativamente joven, puedo jactarme de haber probado casi todo, desde alcohol y drogas hasta extrañas prácticas sexuales y experiencias «extracorporales». Pero llega un momento en el que termina el encanto, la novedad de lo desconocido, y por tanto pierde su efecto. Arribar a la cumbre del vicio y darte cuenta de que, aun mezclando sustancias, no existe más que una efímera sensación cuya experimentación se vuelve una aburrida rutina, es lo más decepcionante del mundo. Ahora creo que es mejor quedarse en los límites de lo conocido y no ahondar en cosas que podrían destruir la mente.

Hace dos o tres años, no recuerdo, comencé con los sonidos binaurales. Primero probé lo básico como el I-Doser, después busqué otros que me brindaran experiencias más «fuertes». Fue así como encontré diversos tipos de frecuencias en la web normal y la profunda, todos con una extensa gama de sensaciones las cuales no tardé en agotar. En sólo unos meses había experimentado en su totalidad las sensaciones que esos audios ofrecían.

Hace unas semanas que revisaba mi correo electrónico, encontré en la bandeja de entrada un mensaje de un tal «James Webber» con el asunto «Nueva dosis que debes escuchar». Creyendo que se trataba de spam, eliminé el mensaje sin verificar su contenido. Repentinamente, ese sujeto «James» me envió un mensaje instantáneo (lo cual me sorprendió, pues no lo tenía como contacto) preguntándome si no tenía curiosidad de probar aquella dosis. En otra ocasión hubiera bloqueado a aquel individuo e ignorado su oferta, pero encontré divertido su intento por venderme algo que no era novedad para mí. Le respondí cuestionándolo acerca de «lo nuevo» del audio, y mencioné que ya había escuchado todo tipo de frecuencias. «No como esto», repuso. Al momento, envió un link que dirigía a un servidor ruso de almacenamientos de archivos: «Te ofrezco una dosis gratis para que lo compruebes».

Pensé en terminar con el asunto. Lo más probable era que el archivo fuera un virus y aquel sujeto alguien que buscaba perjudicarme. Pero, como si hubiera leído mis pensamientos, envió otro mensaje, «Puedes confiar en que todo estará bien. Pertenezco a un colectivo que apenas está comenzando y necesitamos apoyo para seguir. Si no te gusta, no volveremos a molestarte». Dudando y con cautela, hice clic. El archivo para descargar estaba comprimido en formato RAR y su nombre era muy extraño, tenía más de veinte letras y números que parecían haber sido elegidos al azar. O quizás no. Terminó de descargarse en menos de un minuto y lo abrí para comprobar que no corriera peligro. En el archivo comprimido había una carpeta de nombre semejante al anterior, y dentro, un audio titulado «CeaseToExist.mp3» con un .txt que decía «Instrucciones». Descomprimí ambos archivos y leí las instrucciones. Al escucharlo, tenía que estar acostado bocabajo con los ojos vendados, el audio a tope, usar audífonos. Aunque la última indicación me llamó especialmente la atención: «Concentrarse en el audio hasta llegar al borde del sueño. Cuando esté a punto de dormir, cambiar su posición a boca arriba». La nota terminaba ahí. Sin más, decidí hacerlo… No tenía realmente nada que perder. Coloqué la pista en el reproductor e hice todo lo que indicaba la nota. Sin ver su duración, presioné play.

En un inicio la pieza no presentaba nada fuera de lo común; abría con un ruido parecido a la estática de un televisor, típico en la mayoría de los audios de este tipo. Luego de unos momentos, el ruido comenzó a disminuir mientras un débil tañido de campanas se apreciaba al fondo. Aquel sonido aumentó gradualmente, y fue alentándose hasta que se convirtió en una sencilla melodía. Distinguí algunos repiques más graves que otros, y prestando más atención me di cuenta de que eran tres notas musicales, do, re, fa, do, re, fa… Ese simple arreglo parecía un trozo de una melodía de cuna, tan agradable que me abstraje en aquellas y dejé de escuchar el molesto ruido del fondo. Los armoniosos acordes provocaron que comenzara a dormitar y estaba por abandonar mi estado de conciencia cuando el recuerdo de las indicaciones me cruzó la mente como un rayo: tenía que cambiar mi posición. Con pesadez, giré lentamente mi cuerpo, desde el torso hasta los pies, de modo que mi cara quedó frente al cielo. Los sonidos continuaban deleitando mi oído, mi respiración era cada vez más pesada y mi corazón latía con igual lentitud; me encontraba relajado como nunca en mi vida. Después de unos segundos comencé a sentir cómo se iba elevando mi cuerpo. Sentí que flotaba en el espacio… un efecto similar produce la dosis Zero Gravity, pero no en la magnitud en que yo percibí aquella levitación. Dejé que las ondas sonoras continuaran haciendo su trabajo sobre mi cerebro mientras los tañidos comenzaban a perder intensidad. Mi respiración apenas era perceptible, mis terminaciones nerviosas disfrutaban de una suavidad incomparable, parecía que mi cuerpo reposaba en una nube tan tersa como ninguna otra. Mis labios se movieron para formar una sonrisa en señal de alegría por tan apacible ambiente. No quería que todo terminara abruptamente, volver a enfrentarme a una vida tan insulsa y carente de sentido… no quería cambiar el Edén por la abyecta Tierra que no tenía nada más para ofrecerme que decepciones y tristeza. Intenté abrir mis ojos, pero fui incapaz de hacerlo —me encontraba tan extremadamente sosegado que, de no haber sido por aquel débil y mecánico golpeteo que se escuchaba en mi pecho, hubiera asegurado que estaba muerto—. Al igual que mis párpados, el resto de mis miembros continuaban sumergidos en el trance, inertes por voluntad propia, inconexos con mi mente y pensamientos. Aspiré profundamente y, mientras exhalaba el poco aire que hizo su camino a mis pulmones, mis piernas comenzaron a tener pequeños episodios de espasmos musculares. De igual manera los músculos de mis brazos se contrajeron involuntariamente a la vez que la temperatura de mi cuerpo empezó a elevarse; al parecer no todo se trataba de armonía y felicidad. Mi frecuencia cardíaca se aceleraba gradualmente, el zumbido se acrecentaba a cada centímetro que descendía. Al cabo de unos momentos se volvió insoportable para mis tímpanos, tan intenso que aún no entiendo por qué éstos no reventaron al percibirlo. Intenté mover mis miembros: no podía siquiera abrir los párpados. Mi cuerpo se encontraba tenso, inerte, totalmente rígido y con un dolor agudo, sobre todo en las muñecas y tobillos, un malestar parecido al que experimenta una persona que padece artritis.

Quería gritar, pero mis labios no respondían a la orden de mi cerebro ni mi garganta producía sonido alguno, como si mis cuerdas bucales hubieran sido arrancadas de su lugar. Me estaba ahogando por la opresión incesante sobre mis pulmones, me estaba literalmente evaporado debido al infernal calor que abrasaba mi piel, mi corazón latía con tal ímpetu que las palpitaciones parecían auténticos puñetazos, como si mi órgano hubiera intentado quebrar el esternón y las costillas para huir del pandemónium en que se había transformado mi cuerpo. Una lágrima se escapó de uno de mis ojos y resbaló lentamente por mi rostro —mi piel ardía intensamente por donde había pasado, como si hubieran vertido una gota de ácido sobre mi cara—. La presión se extendió por todo mi cuerpo, ahincando en mi cabeza, pues mis párpados comenzaban a abrirse debido a que mis globos oculares estaban a punto de salirse de su órbita.

No podía soportar más, había traspasado los límites de la resistencia humana, había cruzado los extremos del sufrimiento, llegado a un punto en el que no sabía si continuaba vivo o me encontraba agonizando en los confines del Infierno. Lo último que escuché, fue el intento de mis pulmones por introducir aire fresco, esforzándose desesperadamente por conseguir un poco de sustento.

Exploté. O al menos, eso creí cuando recobré conciencia de mi ser. Afortunadamente, todo había cesado. La presión, el ardor, el dolor… todo lo que me había atormentado, se había ido. Sí, todo había desaparecido, inclusive mi cuerpo; no sentía mis piernas ni mis brazos, tampoco mis oídos y ojos. No escuchaba mi respiración ni los latidos de mi corazón, en realidad, no sabía si estaba escuchando, viendo, tocando, oliendo, saboreando o haciendo todo eso al mismo tiempo. Es casi imposible describir lo que pasé… lo que pasé ahí, es muy difícil comprender, incluso para mí, cómo yo era absolutamente nada en el infinito vacío… Como si hubieran encerrado a mi mente en una región sin límites ni extensión. Al principio, lo único que, podría decirse, “percibía” eran unas figuras amorfas las cuales seguían a mis pensamientos. Me concentré en una de ellas, era una especie de círculo deformado. Era gris, un gris tan opaco que no soportaba, así que lo imaginé verde. Y verde fue. Las otras figuras aparecían y desaparecían, dependiendo de la atención que les brindaba. Todo lo que existía y estaba era directamente proporcional a la medida en que yo lo creía; podía creer en un círculo rectangular y ante mí surgía la figura impensable e ilógica, en una gama de colores inconcebibles para la imaginación humana. Tuve más de cinco sentidos, inventé sentidos para percibir mis propias creaciones. Hice todo en un momento, el último momento que recuerdo, pues lo que siguió a ese lapso fue tan extraño que mi mente colapsó en medio de la confusión. En ese fragmento, creí haber conocido la esencia de Dios… Lo que prosiguió a este episodio quedará encerrado en mi memoria hasta el día de mi muerte. Me tomó algo de tiempo y mucho esfuerzo rememorar cómo había vuelto del caos. Recuerdo vagamente el sonido de un golpe, como si algo pesado hubiera caído al suelo, lo cual atrajo mi atención en ese instante. Estaba recobrando consciencia de mis sentidos, recuperando la lucidez que había extraviado. Escuché entonces otro sonido similar al anterior y de la misma manera sobrevinieron más, como si alguien hubiera golpeado un tambor repetidas veces para ayudarme a salir de la locura. El golpeteo fue acelerando de manera paulatina hasta formar una especie de ritmo. Mientras aquella salvación auxiliaba a mis sentidos para encontrar algo de coherencia, un intenso resplandor surgido de la nada irrumpió en el escenario, lacerando mi vista y aclarando mi mente. La luminiscencia aumentó al grado que, instintivamente, los bordes de mis labios se separaron para proferir un grito desde el fondo de mi garganta, debido al ardor que me provoca. Mis ojos comenzaron a distinguir una forma borrosa de color negro, que poco a poco fue transformándose en un objeto concreto: una lámpara de techo. Al momento de reconocer aquella figura mi garganta cesó de gritar y aspiré una bocanada de aire, con tanta desesperación, que parecía haber sido la primera vez que respiraba. Me incorporé violentamente; mi corazón, que me había salvado de la locura, latía con frecuencia excesiva, mi cuerpo estaba empapado en sudor y temblaba incontrolablemente. Cerré mis párpados e intenté regular mi frecuencia cardiaca y respiratoria. Después de unos momentos logré apaciguar un poco a mi corazón y pulmones, abrí los ojos y pude discernir mucho mejor los objetos y colores. Con lentitud, bajé mis pies e intenté pararme pero mis lánguidas piernas fueron incapaces de sostener el resto del cuerpo. Caí de bruces y con mucho dolor me arrastré hasta el baño, y apoyándome en el lavamanos, logré ponerme de pie y me recargué en él para evitar otra caída. Aún estaba temblando y jadeando, tuvieron que pasar varios minutos antes de que pudiera ejercer control sobre mis movimientos y horas para recuperar la calma en totalidad. Cuando recobré fuerza, elevé mi vista al espejo y observé detenidamente mi rostro: en mis facciones aún estaba dibujado un gesto de estupor y desconcierto, mi piel estaba pálida, gruesas gotas de sudor corrían por mis pómulos y frente, las pupilas de mis ojos se encontraban dilatadas. En ese momento supe que nunca volvería a ser el mismo de antes, jamás podría vivir en tranquilidad ni tener un momento de paz por lo que me restara de vida. Estuve contemplando mi cara por un tiempo, hasta que mi cuerpo dejó de tambalearse. Me enjuagué el rostro, salí del baño un poco aturdido y fui directamente a la habitación. Mi laptop, la única testigo de la horrible vivencia que acababa de pasar, se encontraba hibernando.

Un Traje De Payaso



 Un par de actores de teatro llevaron a su pequeño hijo de no más de 7 años, a uno de sus ensayos, se quedó en el cuarto de vestuario y utilería a cargo de una colaboradora.

Ahí encontró espadas, muros falsos, y en un apartado rincón… en un viejo baúl, había un payaso un poco más alto que él, con un traje lleno de motas de colores y peluca naranja. El chico adoraba los payasos, pero mas añoraba algún día poder ser uno, así que la muchacha no vio inconveniente alguno en desvestir al muñeco y prestarle las ropas al chiquillo para que las llevara a casa y se divirtiera un poco.

Al llegar a casa el niño cenó y se fue a su habitación a jugar un rato.

A la hora de dormir el niño no quería ponerse su pijama sino quedarse con el traje de payaso, su madre le dijo que no, que mañana podría ponerse su traje, pero ahora tenia que dormir con su pijama.

Por más que el chiquillo insistía en dormir con el traje de payaso puesto, su madre lo impidió y lo dejó en la habitación, colgado en un gancho para que pudiera verlo desde cada rincón.

A mitad de la noche, el rechinido de la ventana lo hizo despertar, cuando abrió los ojos, el gancho estaba meciéndose, y el traje había desaparecido. Molesto pensando que su madre lo había tomado, se levantó a prisa de la cama… y en un segundo salto a ella de nuevo. Había pisado algo aguado, que hacia ruido. Asomó su cabeza lentamente, hacia abajo, y era un pequeño juguete de aire.

Bajó de nuevo de la cama para tomarlo, y una mano de trapo, agarró su pierna y

La Fanática de Hello Kitty


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Hace no mucho tiempo vivía una chica que era una absoluta fan de Hello Kitty. Tenía la más increíble colección de merchandising de la simpática gatita y su habitación parecía más un museo que el cuarto de una niña de su edad. Era un chica tímida y muy reservada, y su extraña afición la puso en el punto de mira de un grupo de chicas indeseables que había en su escuela.

Este era un grupo de delincuentes juveniles que se divertían golpeando, robando y humillando al resto de muchachas, pero en su caso el acoso era continuo y diario. Sabían que ella nunca diría nada ni a sus padres ni a los profesores, y eran lo suficientemente listas como para golpearla en lugares en los que no quedara marca o se taparan con la ropa. Tan continuo fue el acoso, que acabó acostumbrándose y cuando la empezaban a molestar se alejaba del dolor pensando en su adorada Hello Kitty. En sus fantasías recorría un idílico mundo donde nada ni nadie podía hacerla daño, y de esta forma aprendió a ignorar el dolor y la humillación.

Las abusadoras vieron cómo los llantos y quejidos se convirtieron en una cara inexpresiva. Y lo que más las inquietaba, era que sus ojos parecían como muertos, vacíos e indiferentes a las palizas que recibía.

La líder del grupo comenzó a darse cuenta de que su comportamiento le hacía perder el respeto de las demás, que veían como era incapaz de doblegarla. La chica no se resistía, no luchaba, no lloraba, era como si simplemente la ignorara. Pero lo que era aún peor…

¡Le daba miedo!.

No sabía el porqué, pero esos ojos inexpresivos con los que la miraba cuando la estaba golpeando, simplemente le helaban la sangre. Un día decidió acabar con el problema y organizó a su banda para seguir a la chica hasta su casa. Aprovechando que sus padres llegaban tarde del trabajo, pretendían infligirle tanto dolor que temblara cada vez que se acercaran a ella. Sabía que eso no lo podía hacer en la escuela o en la calle porque siempre podría haber alguien que las delatara.

La Santa Compaña (Leyenda Española)


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Probablemente la leyenda urbana más conocida y escalofriante de cuantas hay en la tradición oral en España. La Santa Compaña es una procesión de muertos que vagan por la noche reclamando el alma de los vivos…
Álvaro llevaba años sin poner los pies en el pueblecito de Galicia donde creció; pero, la grave enfermedad que sufría su padre, le obligó a desplazarse a la zona rural donde se crió para darle un último adiós. Por desgracia su padre tenía las horas contadas.

Angustiado por el ambiente familiar que había en la que antes fue su casa, decidió salir a pasear para despejarse un poco. No le importó que ya hubieran pasado las 2 de la madrugada, tenía que separarse de sus hermanos, unos insensibles que como parásitos ,y con su padre aún con vida, se repartían la herencia como hienas despedazan la carroña.

Distraído y con la mente en otro lado, caminaba por los abandonados caminos que llevaban a la ermita del pueblo, una pequeña iglesia que se cerró varios años atrás por el grave deterioro que había sufrido su tejado en una lluvia de granizo. La ermita antes era la última escala en la procesión del pueblo, que finalizaba llevando la imagen de un Cristo desde la Iglesia que había cerca de la plaza hasta allí. Pero cada vez eran menos los habitantes de la comarca y el pueblo parecía una fantasmagórica visión de lo que Álvaro recordaba de su niñez, por lo que la ermita nunca fue restaurada.

Cuando se encontraba a escasos metros del tramo final, escuchó una especie de cánticos, su curiosidad le llevó a acercarse aún más, pero algo en su interior le decía que debía esconderse. Un frío indescriptible parecía metérsele en los huesos y comenzó a sentir un fuerte olor a cera quemada.

Instintivamente decidió ocultarse tras unos arbustos para contemplar aterrado lo que parecía una romería fantasmal precedida por un hombre que con la cara demacrada portaba una cruz en la mano;

Nunca Ayudes a un Desconocido


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¿Es aconsejable ayudar a alguien que necesita nuestra ayuda? Nuestro instinto nos dice que debemos ayudarnos los unos a los otros. Pero a veces sin saberlo nos podemos poner en peligro o caer en una trampa…