Ahí estaba yo, mirándote fijamente, estabas tan linda con ese vestido rojo, rojo sangre, el olor de tu cabello estremecía cada rincón de mi cuerpo, tu cabello negro y suave como la seda, tu piel pálida que parecía porcelana, tus mejillas rojas, tus ojos negros como la noche me envolvían, como tus brazos sin movimiento.
Aquí estás tú, sin movimiento, sin aire, sin decirme nada, eres mía, tan sólo mía y nadie más mi pequeño crimen. Tus carnosos labios los besaba frágilmente, pero mordías como una fiera devorando a su presa cuando estabas conmigo, como olvidar cuando te hice mía, tu cuello, tu perfecto cuello con ese perfume de Gardenia, degollado por mí, cada beso en la herida era deliciosa, probar tu dulce sangre, tus senos tal lindos, me gustaría que estuvieras aquí conmigo de nuevo, estar contigo entre tus brazos como lo soñé era estar en el cielo y en el infierno, mi pequeño crimen.
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El juego de la llamada
ADVERTENCIA: Lo Que Se Publica En Esta Pagina, Tiene El Fin De Entretenimiento.
NO! Se Recomienda Recrear (Hacer) Ninguno De Los ''Rituales'' Que Se Encuentran En Este Sitio.
ATTE: Kevin Mendoza
Antes de que te explique las
reglas del juego, hay una serie de requisitos que es obligatorio cumplir.
Primero, tienes que estar en casa y completamente solo(a); si hay alguien más,
no sucederá nada. Segundo, debes realizarlo muy tarde por la noche, más allá de
las doce. Y, por último, tienes que asegurarte de tener dos teléfonos en casa.
Estos dos teléfonos deben ser de tu propiedad, no pueden ser de un amigo o de
un familiar, y es indiferente si son teléfonos móviles o fijos siempre y cuando
solo tú tengas control de ellos.
Una vez que hayas cumplido
estos requisitos, necesitarás dos habitaciones para poder jugar y ambas
habitaciones deberán estar iluminadas (mientras que el resto de la casa no).
Por razones que explicaré más adelante, asegúrate de que haya cierta distancia
entre los cuartos.
Por el contrario, si alguien
ha atendido la llamada, oirás un silencio mortificante, seguido por susurros
extraños y sonidos parecidos a muebles moviéndose. No te asustes, y por lo que
más quieras, no cuelgues la llamada, ya que la persona que está al otro lado de
la línea lo verá como de muy mala educación. Una voz gutural pero manejando de
forma perfecta el idioma te saludará cordialmente e iniciará una conversación.
Primero te preguntará cosas
triviales. Conforme los minutos vayan avanzando, te cuestionará acerca de cosas
más y más personales que te verás obligado a responder por parecer cortés. Si
le llegases a decir una mentira para finalizar la conversación, como decir que
tienes poca batería o poca cobertura, no reaccionará a tu gesto de la manera
que planeas.
Llegará un momento en el que
te preguntará en dónde está tu cuarto, y tú, habiendo caído en su manipulación,
te sentirás tentado a decírselo (hazme caso, su poder de convencimiento es
increíble). Ten la suficiente fortaleza como para no llegar al extremo de
revelar en dónde estás. Pídele, por el contrario, jugar a un juego.
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El Plan
¿Alguna vez te has sentido observado? ¿alguna vez
has sentido ese sentimiento de estar siendo vigilado? si es así, permíteme
contarte esta breve historia...
Antes de que aquello pasara, yo era un tipo normal.
Con esposa y una hija, tenía un trabajo estable y una vida tranquila. Mi hija,
Emily de 17 años es lo más preciado para mí en este mundo.
Aunque estoy aquí escribiendo estas palabras, no
para contarte mi aburrida vida, sino para prevenirte de algo que todavía es un
misterio sin resolver para mi vasta compresión que tengo como simple ser
humano.
La mente humana es extraña, es incomprensible hasta
para los mismos seres humanos y cuando creemos que logramos comprenderla del
todo, parece que "algo" nos adormece para que no podamos ir más allá.
Donde se encuentra la verdad del todo.
Es complicado, a veces siento como si el todo es
algo intangible para mi mente, solo es comprendido como real, pero nunca
tangible como tal.
Tu como yo, puedes percibir que estás viviendo,
puedes percibir tus latidos como tu forma respirar, hasta puedes distinguir- en
algunas ocasiones-, un sueño de la realidad. Pero aquí esta lo inquietante, que
tan fina es la línea entre "Lo Real" y lo que nuestro subconsciente
crea a partir de lo que percibimos.
Que será aquello omnisciente y omnipresente, que
parece jalarnos de la correa cuando queremos ir mas allá de "Lo
Real".
Emily, mi hija, pensaba mucho en estas cosas, a
veces eran comentarios al pasar, pero había oportunidades en las cuales, el
tema parecía exaltarla y ponerla muy nerviosa.
No fue hasta una noche de verano en la que nos
quedamos hablando de este problemilla que la atormentaba. Solía decirme que había
detalles casi imperceptibles para la mente humana, que había un sistema el cual
se encargaba de que todo vaya de acuerdo al "plan".
No estábamos dentro de una computadora gigante, eso
es algo muy absurdo, había algo más que superaba imaginario. Era algo más bien,
de un delirio espiritual. No encontraba otra respuesta más coherente.
Al cabo de unas semanas, Emily empezó a tener unos
comportamientos muy raros en ella. Se despertaba a la madrugada y se paraba en
el balcón durante horas, incluso hasta que amanecía, a veces se despertaba
abajo de su cama sin saber cómo había llegado ahí. O al menos eso nos decía a mí
y a mi esposa.
Sucesos aún más extraños pasaron en los próximos días,
hasta que una noche, sentí un ruido extraño que me causo escalofríos, como si
alguien estuviera abanicándose, pero de forma muy lenta. el sonido era casi
inaudible a mitad de la noche.
Me levanté de mi cama y decidí dirigirme hacia el
comedor, pero el sonido no provenía de ahí, venía desde el cuarto de Emily.
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La navidad pasada me rompiste el corazón
Mientras me siento aquí mirando el árbol de Navidad, con sus luces y adornos, no puedo evitar pensar en nuestra primera Navidad juntos. ¿Recuerdas cuando nos mudamos aquí? Estabas decidida a ser cantante, incluso había empezado a trabajar en dos empleos para pagar tus clases de canto, pero valió la pena, para que tus sueños se hicieran realidad.
Esta época del año siempre fue nuestra favorita, como lo es para la mayoría de la gente. Caminábamos por el centro de la ciudad abrazados, mientras admirábamos las luces y los colores de los adornos navideños, Dios mío, eras tan hermosa. Recuerdo nuestro primer árbol de Navidad, era un árbol pequeño de aspecto horrible, pero era todo lo que podíamos pagar. Fuimos a compramos oropel y bombillas de todos los colores, ahí fue cuando viste la estrella, era hermosa como tú, y era la más brillante de todas, sabía que no podíamos permitírnoslo pero no podía decirte que no. Fue la Navidad más feliz que he tenido.
Eso fue hace mucho tiempo, y a medida que pasaron los años comenzaste a llamar la atención por sus talentos, ya estaban en camino a la cima. Aún así dijiste que me amabas y que para esto habíamos trabajado tan duro, quería creerte, pero en el fondo sabía que no era así. Te volviste más distante, entre las giras y las fiestas nunca estabas en casa. La Navidad pasada te rogué que me ayudaras a decorar el árbol, tenía la esperanza de que reavivaría esos viejos sentimientos que tenías por mí. Dijiste "Estoy muy ocupada" y a eso respondí "al menos cuelga la estrella" con una voz tan fría respondiste "Tengo un regalo temprano para ti" mientras destrozabas esa hermosa y vieja estrella, "Hemos terminado, adiós".
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¿Cuánto por la chica?
"Entonces ... ¿cuánto cuesta la chica?"
He tratado con tipos como este antes, pero nunca he estado tan desesperado, se nota en mi voz.
"Lo siento, hombre, no se puede".
"Vamos, no me jodas, ¿cuánto?"
La ira se escapa de mi garganta, no me arriesgaré a perder a la chica. Ella merece algo mejor que vivir el resto de su vida pudriéndose.
"Mira, te lo dije, no la estamos vendiendo. ¡Ahora lleva tu culo a casa, viejo!"
Mi frente se arruga, sigo presionando - "No pretendas que no hay un precio, solo dime de qué se trata, ¡pagaré cualquier cosa! Solo dime ¡¿CUANTO POR CHICA?!"
"Realmente piensas que ella es especial, ¿eh?"
Asiento con la cabeza.
"Bueno, este es el trato, amigo: estamos a punto de irnos. Y estamos ya listos. Así que, francamente, creo que tu mejor opción, es ir a los muelles e intentar encontrar a alguien más. La chica no irá a ningún lado, ¿Capisce?
Miro a la chica, es muy linda. Acaba de florecer en una mujer joven. Hermosa. Sé que va a estar mal si la llevo a casa conmigo. Pero no puedo evitar lo que no controlo.
"Mira, NO HAY nadie más. Ahora, ¿podrías escucharme, escuchar la razón, por un minuto? Ella es perfecta, la amo, quiero cuidar de ella. ¡Así que MIERDA! ¿Cuánto por la niña? ¡¿Hijo de puta?!"
"Nah, hemos terminado aquí. Jodete, que tengas una buena vida. ¡Oh, y - mantente a salvo!"
Con los ojos llorosos y el corazón nauseabundo, observo cómo el barco comienza su partida: la última evacuación de nuestra isla en cuarentena.
"Lo siento querido ... lo intenté, pero ya no había espacio" susurro entre sollozos, agarrando a mi nieta en mis brazos.
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Si no se va la señora que me está mirando, probablemente esto es lo que pasó
Ahora mismo estoy en mi cama, intentando dormir, no sé si es mi cabeza, no sé si sólo estoy cansado...no, no puede ser eso, esa mujer no puede ser producto de cansancio, debe ser una de esas muchas veces que algo desconocido se queda mirándome, se acercan, me miran y me miran más; estoy hartándome de ello, pero nunca se quedaban mirándome en mi cama, o en mi casa pero cada vez que lo hacían era más cerca de mi casa ahora que lo pienso, empezó hace un año en un viaje a Nuevo Vallarta, era un viaje divertido pero una de esas noches decidí ir a caminar fuera del cuarto por las instalaciones del hotel, pasó una media hora y vi a una mujer pasar por los cuartos vestida con pantalón de mezclilla y una blusa fajada en su pantalón...pero lo raro fue que estaba de cabeza, caminando con las manos en el suelo y los pies al aire, cuando la vi pensé en preguntarle porque haría eso a las 11:30 de la noche pero cuando conectamos las miradas se acercó corriendo de cabeza hacia mi hasta quedar a cinco metros aproximadamente de distancia, salté del miedo y estaba esperando un ataque de esa mujer extraña pero sólo sentí frío, ni pude caminar lejos de ella por 2 minutos, estaba petrificado aceptando mi muerte pero no hizo nada, caminé lejos de ella hacia el cuarto y cuando volteé atrás no la vi.
Esa fue probablemente la primera vez que vi algo así y siento que esa mujer está relacionada a lo que siguió pasando de ahí hasta el día de hoy, esa mujer que vi por primera vez se veía como una mujer normal, con blusa, maquillaje, pero tenía la mirada muerta, como si la luz de sus ojos ya no existiera con las pupilas dilatadas al máximo, luego empecé a ver a diversos tipos de asechamientos desde niños hasta hombres obreros y una vez fue un anciano, todos con una característica en común, los ojos...muertos, incluso empezaba a acostumbrarme, cada uno tenía nuevas posturas, nuevas contorsiones corporales, después de ellos aparecían los que tenían ojos rojos, la mirada muerta pero los ojos rojos sangre.
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El perseguidor | The Pursuer.
Esa noche, las últimas franjas de luz pálida se debilitaban en la vastedad de la ciudad. Las calles, aún húmedas por la lluvia reciente, destellaban tenuemente. El alumbrado público no había cobrado vida, y las calles permanecían suspendidas en ese apasionante momento desenfocado entre la luz y la oscuridad.
Iba camino a mi casa luego de lo que había sido un día de trabajo difícil, dejándome exhausto y desalentado. Daba pasos largos y mis manos iban recogidas en mis bolsillos a manera de puños, enterrados al fondo de la tela. Hacía frío. No un frío mordaz; uno asesino. Un frío que deslizaba sus níveas manos trepando ligeramente por mi piel —murmullos de tacto que ocasionaban piel de gallina y sospecha—. Pude sentir mi ritmo cardíaco acelerarse, mi aliento agitarse.
Me detuve, cerré los ojos y escuché el crujido ahogado de una pisada detrás de mí. Luego nada.
Alguien me seguía.
Me preparé para salir corriendo, con todos los resortes y engranajes girando, y ahora era inconfundible. Definitivamente tenía a un perseguidor.
No miré atrás, solo corrí. Mi pie golpeó el pavimento con fuerza, chirriante. Corrimos juntos, mi perseguidor y yo; un baile maníaco de alto riesgo. Por carreteras, callejones y sobre latas de basura. Al final, llegamos a mi calle. Salté apoyando el brazo sobre una valla, atravesé un patio. Llegué a mi entrada; una inspección frenética de mis llaves. No lo dudaba, si solo podía llegar a mi sótano antes de ser capturado, estaría sano y salvo en casa.
Corrí a la puerta de mi sótano, empujándola de su marco, y luego recorrí las escaleras saltando los dos últimos escalones antes de ocultarme en las sombras.
Mi perseguidor detuvo su ritmo en tanto se acercó a los escalones de mi sótano; con cada pisada, descendía todavía más hacia el brillo turbio. Un débil rayo de luz que caía, resplandeciente, desde la entrada del sótano me permitió ver la mano de mi perseguidor cepillando y palpando su camino a través de la gélida pared del sótano, buscando el interruptor de la luz. Escuché cada aliento que tomaba —irregular, pesado y húmedo—.
Cuando su mano descubrió el interruptor
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4:03 am
Eran las 4:03 de la madrugada y me desperté gritando. Fue un sueño.
En mi sueño, vi a todo aquel que conozco o amo ser asesinado por una criatura. Su cuerpo era de baja estatura aunque voluminoso, con largos brazos delgados que terminaban en garras similares a espadas. Sus ojos eran aberturas que despedían un rojo vibrante en la oscuridad, y exhibía hileras de dientes afinados como cuernos.
Me observaba antes de aniquilar a mis allegados, y reía cada vez que los mutilaba blandiendo sus garras.
¿Y cómo nos había encontrado? Me engañó para que lo dejara entrar a mi habitación imitando la voz de mi papá. No podía entrar sin que se le concediera el permiso, me dijo esto cuando estrujó el corazón de mi mamá. El sueño acabó con la criatura produciendo su cacareo burlesco y moviéndose lentamente hacia mí, raspando el suelo con sus garras. Yo grité y me levanté. Estaba en mi dormitorio, a salvo una vez más.
4:03, escuché que llamaban a mi puerta. Me congelé al instante.
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Tan Cerca…
El carrito de la compra se encontraba a tan sólo diez metros de Sara. Lo necesitaba para
cargar suministros, hasta su austero, deprimente e insalubre, refugio. Pero el carrito…el
maldito y necesario carrito, estaba encadenado en perfecta hilera a otros veinte más.
Llevaba con ella unas cizallas para la ocasión. Estaba preparada, ella siempre lo estaba,
por eso había sobrevivido al fin del mundo. Aunque el mundo seguía allí, los pájaros
cantaban, y los gatos y ratas, reinaban sobre la inmundicia y la enfermedad, pero los
muertos habían adoptado la mala e indecorosa costumbre de no permanecer muertos en
perfecta descomposición, célula a célula. Seguían siendo apestosos, e incluso se
descomponían lentamente bajo el Sol. Pero para desgracia de Sara, aún se movían y
buscaban la compañía de toda persona viva y desgraciada que se encontraran en su
rutina diaria, que consistía básicamente en deambular y soltar un sentido:
“Hugn…mmm…Hugn…”.
El muerto daba vueltas alrededor de los carritos en fila. Llevaba puesto su uniforme de
trabajo. Un polo azul y unos pantalones negros. Condenado a seguir por siempre, -o
hasta que su cuerpo se desparramara finalmente, haciéndose uno con el asfalto- en su
puesto de trabajo, cerca de los carritos de la compra. Sara nunca había tenido que
enfrentarse a ningún muerto que se negaba a permanecer tumbadito sin molestar.
Siempre había tenido la posibilidad de escapar, o pegar un rodeo. En su mano derecho
aferraba las cizallas, sin duda podría usarlas como arma. Pero no quería, no podía.
Quizá, si lo atrajera y después volviera corriendo hacia los carritos, tendría una
oportunidad de cortar la cadena en el tiempo transcurrido hasta que el diligente
trabajador, volviera a su perenne puesto de trabajo. Sara se armó de valor, se acercó lo
suficiente como para poder leer el nombre en la chapita de identificación. Se llamaba
Armando.
Armando se giró torpemente con la mirada perdida hacia Sara, emitió su típico,
“Hugn…mmm” y arrastró sus pies descalzos y desollados hasta la muchacha que tenía
enfrente suyo. Sara se preguntó el por qué de sus pies descalzos, quizá en algún
momento había necesitado todo el sigilo de que sus pies eran capaces, pero a juzgar por
los mordiscos en brazos y pies, no le había salido muy bien la jugada.
Sara lo atrajo con facilidad, alejándolo unos cincuenta metros de su principal objetivo
vital en aquellos instantes. Se sonrió con nerviosismo mientras recordaba cuales habían
sido sus anteriores objetivos vitales antes de aquello, irónicamente le parecían
gilipolleces sin importancia. Volvió corriendo hasta los carritos. Intentó con todas sus
fuerzas cortar una de las cadenas, pero no era capaz de romperlas por mucho que lo
intentaba. Armando ya estaba de vuelta, casi encima, de nuevo en su puesto de trabajo a
perpetuidad. Hacía mucho calor, demasiado, era verano. Sara no recordaba el mes, sólo
sabía que la temperatura llevaba siendo insoportable demasiado tiempo ya. No había
una sola nube y debían de estar a unos enfermizos 37º. Repitió el mismo proceso 5
veces más, con idénticos resultados. Se sentía mareada, Armando seguía tras ella,
siempre tras sus pasos, pues jamás se separaría de ella y su puesto de trabajo.
“Si tan sólo pudiera derribarlo de un golpe seco en ésa geta de imbécil…”
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Diario de una chica gorda | Diary of a Fat Girl.
Querido Diario,
Así es como se supone que debo comenzar esto, ¿cierto? Nunca he mantenido un diario antes, ni quiero hacerlo, pero el hospital dijo que tengo que hacerlo como parte de mi “plan de tratamiento”. Gracioso.
Déjenme rebobinar un poco.
Siempre he tenido sobrepeso, desde que era un infante. Asistí a una escuela cristiana estricta, y afortunadamente nunca fui víctima de bullying debido a esto (pero siempre puedes notar a los demás niños mirándote).
Empeoró a medida que crecía, simplemente parecía que me expandía hacia todas las direcciones, excepto hacia las que quería. Así que no solo soy gorda, sino que también soy muy baja. Te has de imaginar que esto no le hizo bien a mi autoestima.
Por culpa de mi peso, siempre he odiado las clases de Educación Física. Antes que nada, está el que tengas que desvestirte frente a las demás chicas bellas y delgadas que me veían de reojo. Dios, me da pena escribir esto. Podía sentir todo mi cuerpo emanar rojo cuando sentía sus ojos fijados en mí. Luego venía el ejercicio como tal. Me daban dolores de pecho terribles y no podía correr más de cien metros, y ni siquiera intentaba los deportes en equipo (nadie me elegía de todas formas).
Probé dietas. Todas las dietas que te puedas imaginar. Atkins, sopa de calabaza, 5:2… Nómbrala, y la he intentado. Pero nunca funcionan, siempre termino cediendo y subiendo de peso.
Las cosas se pusieron muy difíciles hace dos años. Empecé a tener dolores de pecho fuertes y me llevaron al hospital en un apuro. Los doctores dijeron que mi peso estaba en un nivel peligroso y que mi corazón sufría en consecuencia. Tuve que cambiar mis hábitos. Mis papás me rogaron que lo hiciera. Compraron todos los alimentos indicados e incluso me vigilaron a veces mientras comía. ¿Pero cambié? No. Aún era la glotona obesa que siempre había sido.
Aumenté de peso. Sé lo que estás pensando. Por qué. Por qué me hacía esto a mí misma. Por qué no solo me hacía sufrir a mí misma, sino que sometía a mis padres a ello también. Bueno, Diario, te lo diré. ES PORQUE TENGO CERO AUTOCONTROL, OBVIAMENTE. Joder. Me odio. Puedo sentir mis rollos de grasa. Odio ir de compras por ropa. Nada es de mi talla. A veces, me siento en mi cama y me lamento por el poco control que tengo sobre mi vida.
3/20/15
Lo siento, Diario, olvidé poner la fecha la última vez, pero han pasado casi tres semanas. Me mandaron al hospital de nuevo por mis dolores de pecho. Los doctores fueron duros, vi psicólogos sobre mis problemas de peso. Más allá de eso, no hay mucho que reportar… sigo siendo una gordita. ¡Y quizá siempre lo seré! Te actualizaré cuando haya perdido algunas libras… puede que tarde un poco.
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Una historia de mi abuela.
Gracias al cielo tengo a mi abuela viva, porque sin ella no habría
escuchado esta historia que os vengo a contarles.
Mi abuela se llama Dory, vivió su infancia en una hacienda humilde,
contaba al menos con dos cerdos, una yegua, dos perros, y sobre
todo sus gallinas, fuera de la ciudad, en ese tiempo su hermana
(María) tenía unos 5 meses de nacida.
Ella me contó que ese día obtuvo el susto más grande que pudo
sentir.
Era un día común de la semana, supuse que mi mamá llegaría tarde
ese día, debido a que caía agua del cielo de manera increíble, tanto
que la gotera en la cual caía una gota de vez en cuando, esta vez era
un chorro de agua, además, gracias a esa inmensidad de lluvia que se
precipitaba con gran fuerza, esa gran gotera consiguió dos
compañeras, una cerca de la entrada y la otra en la entrada de la
cocina, agradecí a Dios que esas goteras no hayan parecido en las
dos únicas habitaciones que teníamos.
La lluvia no cesaba, el frió era casi lúgubre y eran ya las 9:30 de la
noche creo y mamá aun no llegaba, levanté a María y la llevé a la
habitación y la arropé, sin embargo, maría comenzó a llorar, pensé
que quería comer algo, así que fui a la cocina y me dispuse a cocinar
algo para María.
Cuando encendí la estufa llegó mi madre, entró y cerró la puerta con
rapidez para que no ingresara mucha agua a la casa, se quitó el
abrigo y las botas empantanadas y se secó un poco el cabello, se
acercó a la cocina y no alcanzó a decirme nada porque sonó algo en
el techo, ese sonido fue como si algo hubiese caído directo al techo,
fue un sonido abrupto y ensordecedor.
Pensamos que estaban cayendo del cielo lluvia y granizo, aunque, sí
estaba lloviendo muy fuerte no había ningún indicio de granizo en el
suelo. Nos mantuvimos en silencio un momento mientras
deducíamos que fue lo que había caído sobre nosotras, los perros,
curiosos, estaban mirando hacia el techo, mi madre y yo estábamos a
punto de hablar cuando sonó nuevamente el techo, pero esta vez era
un sonido particular, eran pasos, indudablemente era el golpeteo de
pies caminando, los perros igual que nosotras estaban mirando hacia
el techo siguiendo con el oído el sonido, no obstante, los perros
ladraban histéricos.
Luego el sonido se detuvo, pero cambio a una voz femenina, no
decía nada, sin embargo, se entendía muy bien este sonido, y era:
“ja. Ja. Ja. Ja”.
Cuando escuchamos esa risa malévola de inmediato se apagaron
todas las luces de la casa, y se abrió de par en par la ventana en el
cuarto del bebe, mi madre me dijo: -Dory, ve por la niña.
Sin pensarlo fuimos corriendo hacia la habitación del bebe, tome de
la cama a mi hermana y mi madre cerró la ventana y la bloqueó. La
luz no regresaba así que mi madre fue por una vela y la encendió,
cuando nos iluminó a mi hermana y a mí, quedó asustada, pálida e
inmóvil. Yo al ver el rostro de mi madre quede perpleja no sabía que
pasaba, visualice a lo lejos a los perros gruñéndome, ladrándome y
mostrándome fuertemente los dientes, estaba asustada. Luego miré a
mi hermana, se me erizó la piel, se me heló la sangre y me dio un
escalofrió del cuello hasta la punta de los pies.
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"El bosque de Los corazones Negros"
En los lugares mas reconditos de nuestro planeta, se encuentran locaciones completamente inexploradas por la mayoria de seres humanos.
Ya sea por la dificil forma de ingresar a ellos o simplemente por algo mas logico y comprensible. Son totalmente oscuras y extrañas...
El bosque de "Los corazones negros" es uno de ellos. Un lugar al cual exploradores de todo el mundo, solo llegaron a su entrada y de ahi, no avanzaron mas. Lleva este nombre por que se dice, que todo aquel que entre aqui, no podra nunca jamas ir al paraiso. Se dice que en otro universo alterno, esta es la entrada al mundo de los muertos, un lugar aun mucho peor que este extraño y aterrador bosque.
Muchos exploradores afirman que, apenas estar cerca del puente que a su vez es la entrada a este mitico lugar, se siente una pesadez enorme y una angustia insoportable. Y eso no es todo, ellos afirman que se escuchan lamentos macabros, como si se tratase de un lugar de extremo dolor y sufrimiento y ademas, risas y gritos de esclavistas gozando de su bizarro trabajo. Golpear sin parar a esas almas perdidas en ese tragico limbo de angustia y sufrimiento.
El mito de este bosque tambien agrega que, toda persona que entre aqui, sera perseguido por las almas mas rebeldes del Reino de los muertos y que, sus predecesores correran el mismo destino. Es un lugar donde no se distingue el dia de la noche, donde siempre hay baja temperatura y mucha niebla y en algunos lugares, se siente extremo calor y humedad insoportables para cualquier ser humano.
Aunque hubo un hombre, un hombre que tuvo el coraje y la valentia suficiente para entrar a este lugar y ademas, logro salir con vida de tan pertubador lugar.
En ese lugar estuvo 4 años intentando salir, pues el dice que era un lugar que cumplia patrones leberinticos y fantasmales. Parecia que el lugar tenia vida propia.
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Encontré a una chica que conozco en una porno
Muchos aquí en Reddit hablan de encontrar personas que conocen en /r/gonewild, o en una porno, o algo. Pero les puedo asegurar de primera mano que no siempre es como las personas dicen que es.
Tenía once años el verano que Kathy Ritter, de mi misma edad, huyó de casa, fue secuestrada, o fueran cuales fueran las mentiras que los periódicos estaban publicando aquel mes. Entre eso y que la familia Ritter se hubiese mudado luego de que el rastro se congeló, nunca comprobamos qué fue lo que pasó. Y, eventualmente, nos olvidamos de ella.
Años después, la vi de nuevo. No de manera breve, en persona, sino que en línea. En un video pornográfico.
Yo tenía dieciséis años y el video se veía reciente. Al menos, tenía una fecha de publicación reciente. Lo cerré y apagué mi computadora de inmediato. Estoy avergonzado de admitir que no fue a raíz de mi preocupación por Kathy, fue porque tenía miedo de lo que me pasaría si se me descubría viendo lo que técnicamente era pornografía infantil.
Eso ocurrió semanas antes de que la curiosidad y una noción estúpida de heroísmo adolescente —podría ser yo quien finalmente descubriese lo que le pasó a Kathy— me sobrecogieran, y regresé al mismo sitio web. Ella era sorpresivamente fácil de encontrar. Participaba en muchos videos bajo seudónimos como Katty Kathy, Kitty y similares.
Fue inútil. Todos los videos tomaban lugar en el mismo sótano, en la misma cama. Los videos eran todos iguales, más o menos. Kathy usando trajes. Kathy y otra chica. Kathy y dos hombres. Otros videos utilizaban intereses más radicales, como Kathy teniendo relaciones con un minusválido o algún actor vestido de caballo, pero no me molesté en verlos.
Sin embargo, Kathy nunca hacía juego de roles de manera activa, incluso cuando usaba trajes de enfermera o lo que sea. Ni siquiera hablaba en ninguno de sus videos. Me di cuenta de que apenas hacía sonidos —no gemía ni respiraba agitadamente—. Cuando otros actores la penetraban o utilizan otras cosas para hacerlo, no había ninguna reacción de parte de ella además del ocasional ceño fruncido.
Y, de vez en cuando, ella veía hacia la cámara. No era una mirada de enojo o resentimiento, o de súplica, como uno esperaría de alguien que estuviera siendo forzado a participar en porno. Al final, la identifiqué.
Era resignación.
Tuve que dejar de ver sus videos después de eso. Ahora estaba seguro de que eso no respondía a su voluntad, que ella había sido capturada y encasillada dentro de esa vida. Pero no había forma de que lo demostrara o de descubrir en dónde estaba.
Reporté los videos a la policía, pero nada salió de ello. Dijeron que no había manera de probar con seguridad quién era la chica de los videos. Yo sabía que era Kathy; ellos solo habían decidido hace mucho tiempo que Kathy estaba muerta y que el caso había terminado.
Traté de presionarlos, pero me dijeron que me detuviera. «Niño, piensa en sus padres. ¿Porno? Para muchos, creer que tu hija está muerta es más confortante».
Rastreé a la familia Ritter. Mi mamá me dijo que sus nombres eran Harry y Laura Ritter, y una búsqueda rápida de Google me dijo que vivían en Oregon.
—¿Señora Ritter? —dije cuando una mujer contestó el número de teléfono en listado en las páginas amarillas—. Soy Max Page.
—Hola, Max —respondió, cautelosa. No me recordaba.
—Vivíamos en el mismo vecindario —le expliqué—. Conocía a su hija. Creo que la encontré.
La mujer escuchó en silencio mientras le dije lo que había descubierto y con cuál sitio web lo había hecho.
—No es mi intención hacerla sentir mal. Pero su hija está viva. Apuesto que la encontraría si va a la policía.
Clic. La mujer me colgó la llamada.
Pensé que la policía estaba en lo correcto y dejé de tratar que los vídeos recibieran atención. Dejé de visitar la página y traté de olvidarme de ello.
Pero luego recibí un correo. Era de uno de los administradores del sitio web anunciando que tenían una actualización nueva. Ligeramente desagradado por que aún tuvieran mi información, entré en el enlace rápidamente para poder borrar mi cuenta, y fue ahí cuando entendí a lo que se referían con la actualización. Era porno gore.
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Kevin Mendoza
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Sueño en Serie
Historia escrita por - Ignacio Castellanos
Él formaba parte del porcentaje menguante de consumidores habituales de sueños a la carta, vendidos con o sin receta -dependiendo de los ingresos del ciudadano- por la empresa Dulces Sueños. Él había visto cómo aquellos sueños exquisitamente hilados de manera artificial en la red neuronal del consumidor, habían cambiado por completo la vida de las personas, convirtiendo cada escena de su vida en uno de ésos anuncios repletos de caras alegres, familias felices, y vidas perfectamente encaminadas. Pero lo que él había visto de primera mano era un manojo de inseguridades, necesitado de respuestas fáciles y manidas. Los hijos de todos aquellos consumidores duros de los sueños en serie, sufrieron los peores efectos, ya que eran incapaces de soñar; sus hijos habían heredado la incapacidad para soñar, algo que sus padres habían logrado a golpe de cirugía cotidiana.
Era tal la normalización de algo tan antinatural, que él, comenzó a sufrir una marginación social como nunca antes había vivido. Él no comprendía cómo aquellos que consideraba personas sanas y cuerdas, se sometían por propia voluntad a una cirugía que les convertía a largo plazo, en unos seres incapaces de soñar por cuenta propia.
Algunas personas compraban sueños pornográficos, la mayoría tabúes que en su vida diaria serían delitos, como violaciones y asesinatos. Otros compraban sueños en los cuales su vida estaba resuelta, y la autorrealización se encontraba a la vuelta de la esquina. Pero un día, tras dos generaciones de consumidores, comenzaron a suceder una serie de accidentes con los sueños en serie que nunca antes había ocurrido. Muchos de los que despertaban, parte de su cerebro permanecía en estado de sueño. Cinco personas murieron pensando que podían volar, y otros dos se mataron tras soñar con un suicidio. Él observaba todo esto con terror. Él nunca había estado tan solo en toda su vida.
Tras éstos “accidentes”, muchas empresas que recibían subvenciones por parte de Dulces Sueños, comenzaron a sustituir los derechos de sus trabajadores, por dosis diarias y gratuitas, de sueños en serie. Él, con reticencia y miedo aceptó, pues de lo contrario hubiera sido puesto en la calle. El sueño en serie, ahora era un beneficio y derecho que debía ser aceptado sin reservas por el trabajador.
Él escogió el sueño estándar “descanso reparador”, pero cada noche, soñaba que mataba y abría en canal a su mujer y sus dos hijas, tras lo cual, se ponía a mascar palillos mezclados con trozos de cristal, destrozándose la boca y muriendo finalmente de hemorragia interna. Así cada noche.
Él formaba parte del porcentaje menguante de consumidores habituales de sueños a la carta, vendidos con o sin receta -dependiendo de los ingresos del ciudadano- por la empresa Dulces Sueños. Él había visto cómo aquellos sueños exquisitamente hilados de manera artificial en la red neuronal del consumidor, habían cambiado por completo la vida de las personas, convirtiendo cada escena de su vida en uno de ésos anuncios repletos de caras alegres, familias felices, y vidas perfectamente encaminadas. Pero lo que él había visto de primera mano era un manojo de inseguridades, necesitado de respuestas fáciles y manidas. Los hijos de todos aquellos consumidores duros de los sueños en serie, sufrieron los peores efectos, ya que eran incapaces de soñar; sus hijos habían heredado la incapacidad para soñar, algo que sus padres habían logrado a golpe de cirugía cotidiana.
Era tal la normalización de algo tan antinatural, que él, comenzó a sufrir una marginación social como nunca antes había vivido. Él no comprendía cómo aquellos que consideraba personas sanas y cuerdas, se sometían por propia voluntad a una cirugía que les convertía a largo plazo, en unos seres incapaces de soñar por cuenta propia.
Algunas personas compraban sueños pornográficos, la mayoría tabúes que en su vida diaria serían delitos, como violaciones y asesinatos. Otros compraban sueños en los cuales su vida estaba resuelta, y la autorrealización se encontraba a la vuelta de la esquina. Pero un día, tras dos generaciones de consumidores, comenzaron a suceder una serie de accidentes con los sueños en serie que nunca antes había ocurrido. Muchos de los que despertaban, parte de su cerebro permanecía en estado de sueño. Cinco personas murieron pensando que podían volar, y otros dos se mataron tras soñar con un suicidio. Él observaba todo esto con terror. Él nunca había estado tan solo en toda su vida.
Tras éstos “accidentes”, muchas empresas que recibían subvenciones por parte de Dulces Sueños, comenzaron a sustituir los derechos de sus trabajadores, por dosis diarias y gratuitas, de sueños en serie. Él, con reticencia y miedo aceptó, pues de lo contrario hubiera sido puesto en la calle. El sueño en serie, ahora era un beneficio y derecho que debía ser aceptado sin reservas por el trabajador.
Él escogió el sueño estándar “descanso reparador”, pero cada noche, soñaba que mataba y abría en canal a su mujer y sus dos hijas, tras lo cual, se ponía a mascar palillos mezclados con trozos de cristal, destrozándose la boca y muriendo finalmente de hemorragia interna. Así cada noche.
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Kevin Mendoza
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LA INVASION DE LOS ALIENS MICROSCOPICOS
Historia escrita por - Martin González
Hola me llamo Martin, aunque mi nombre es relevante. Os voy a contar una historia, la cual dejare que ustedes piensen si es verdadera o falsa…
Yo me crie en un pueblito llamado Arrieta, solía salir de aventuras con mis primos, yo mi hermano Jacob y mis dos primos Aco y David y nos creamos un grupo llamado “comando-soft” en esa época tendría yo unos 12 años…
Mi pueblo es un pueblo costero que esta junto al mar, las casas se fueron construyendo, bordeando la marea, antiguamente era un pueblo donde todos los habitantes se dedicaban a la pesca, bueno aún siguen dedicándose a la pesca.
La primera aventura que hicimos fue a unos riscos, están al terminar una playa llamada la garita, y fue donde todo comenzó a resultarme extraño.
Recuerdo el día anterior David mi primo que era el jefe y que siempre nos metía en líos, nos reunimos en su casa, David vivía en la ciudad de Arrecife que estaba a 25 kilómetros y solía venir los fines de semanas con su madre, al pueblo de Arrieta. Siempre hacíamos cosas, nos metíamos en casas abandonadas de noche, jugábamos al escondite, en fin juegos de niños. Ese día decidió, que por la mañana temprano, preparáramos las cosas y fuéramos a investigar los riscos. Toda esa obsesión fue por que escucho hablar a su padre de que vieron unos muñecos con los que se hacían vudú antiguamente. El padre solía ir a pescar con el mío a los riscos, estaba como a 10 kilómetros del pueblo.
Por la mañana temprano, mi madre no le gustaba que fuera a ciertos sitios, y menos aún a unos riscos, donde está lleno de rocas y un resbalón que te dieras podrías hacerte muchísimo daño. Le dijimos que íbamos a la montaña y llegaríamos por la tarde.
Desperté a mi hermano Jacob y mientras él se preparaba fui a casa de mis primos que su casa estaba pegada a la mía. Aco mi otro primo estaba preparando las pistolas, las escondía el en su casa, porque su abuela tenía un garaje y pues tenía un buen escondite. Teníamos 4 pistolas de aire comprimido, era por precaución por si nos salía algún perro peligroso, a algún otro peligro.
Después de un rato con ellos, revisamos que tuviéramos todo lo necesario, cuerdas agua, todo lo necesario para una aventura. Mi primo Aco era muy organizado y tenía una lista que revisábamos siempre antes de salir, todo muy profesional.
Nos despedimos de la familia, y empezábamos la aventura, a mitad de camino Jacob mi hermano se resbalo y se desparramaron por el suelo unos hierros que eran la base de las tiendas de campaña, era el que más peso llevaba, y se cabreo negándose a cargar con todos los trastos, entonces al estar a medio camino, ya faltaba 4 kilómetros para llegar a la playa donde estaba el risco, lo escondimos bajo un árbol, no teníamos problemas de que nos lo robaran, porque por esa zona no solía pasar gente. Y aparte no necesitaríamos la tienda de campaña ya que son todo acantilados de piedra.
Por fin lleguemos a la playa, y descansemos unos minutos, la marea estaba bajando y es importante porque si sube la marea, y nos pilla dentro, nos podríamos quedar atrapados.
Nos fuimos adentrando por los riscos, y a mitad de camino, vimos 2 muñecos de vudú, pero eran extraños eran completamente rojos, del color rojo sangre, eran como robots de madera y estaban encima de una roca, la roca era completamente cuadrada, muy raro ya me empezó a parecer todo. Aco David y Jacob estuvieron bromeando, como hablando con los muñecos, hasta que como siempre mí primo David le empezó a tirar piedras, y quería romperlos.
Una de las piedras que tiro le dio al muñeco, y le rompió la cabeza, y en ese momento empezaron a salir de la cabeza del muñeco, como polvo, como si fuera una bomba de humo, pero en polvo. Mis dos primos y mi hermano empezaron a toser, yo rápidamente moje un pañuelo que tenía y me tape la boca y nariz para no respirar ese polvo. Mis primos y mi hermano se empezaron a sentirse cansados, decían ese polvo debe estar contaminado o algo y simplemente se quedaron sentados con los ojos abiertos y mirando a los muñecos. Yo les gritaba que nos fuéramos que se levantaran, que teníamos que volver, por que la marea estaba empezando a subir y corríamos el riesgo de quedarnos atrapados.
Ellos no me hablaban solo se quedaron sentados mirando los muñecos, entonces cuando los muñecos dejaron de soltar ese polvo, me acerque y los tire al mar. Pero nada, mis primos y mi hermanos seguían sentados y mirando a la roca cuadrada donde estaban los muñecos. Me acerque a mi hermano y le agarre fuerte por los brazos y moviéndole bruscamente, y fue cuando, de repente empezaron a decir, que hay una especie de grieta detrás de la roca, y decían que teníamos que entrar. La verdad no recuerdo ver esa grieta, quizás me concentraría mirando a los muñecos, de todas formas era una grieta muy fina imposible entrar por ella. Estaba buscando en la mochila una linterna para ver mejor de que se trataba, cuando David se sienta encima de la roca cuadrada, y se oyó un ruido como si se cayera una cadena, y la grieta se abrió más.
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Kevin Mendoza
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Mi chica
Su nombre es Jessica. Tiene veintiséis años, y es mi chica. Nunca había
creído en el amor a primera vista hasta que la conocí. Fue un día lluvioso en
septiembre del año pasado. Estaba sentándome en la parada del autobús,
esperando que la lluvia parara para continuar mi caminata al apartamento,
cuando se sentó en la banca a mi lado con su periódico.
No pude evitar mirarla por un momento demasiado largo. Creo que sintió
que estaba mirándola, porque me miró con sus grandes ojos azules y su pelo
oscuro cayendo en su cara. Me enamoré de ella inmediatamente. Hablamos por un
rato; se veía nerviosa porque su autobús estaba atrasado. Finalmente llegó diez
minutos después, y me metí en él con ella para que pudiéramos continuar nuestra
conversación. Nos llevamos bien rápido. La vi bajarse en su parada, caminar a
su casa y entrar. Luego caminé al apartamento con mariposas en mi estómago.
Me mudé con Jessica unos dos meses después de conocernos. Ambos éramos
tan felices. Ella solía cantar tan hermosamente cuando se preparaba para el
trabajo en las mañanas, cuando cocinaba la cena, cuando llegaba a casa, cuando
se preparaba para ir a dormir. Sentía mariposas de nuevo cuando sonreía. Nunca
imaginé que podría ser tan feliz.
Hacíamos todo juntos. Íbamos al cine, corríamos en el parque y amaba
mirarla jugar videojuegos. Nunca había sido un fanático, pero mirarla jugar
siempre era tan divertido. La vida se veía tan perfecta.
Así fue hasta que su madre falleció tres meses después de que me mudé.
Jessica empezó a aislarse luego de eso. Se volvió tan deprimida que pasaba días
en su casa sin moverse, sin dormir. Cuando dormía, gemía suavemente y
balbuceaba cosas sin sentido, despertándose en pánico. Nuestra casa ya no
contaba con el eco de su hermosa voz. Fue reemplazada con los sonidos de su
llanto, desde lloriqueos gentiles hasta horas de sollozos altos. Su dolor podía
escucharse desde cada cuarto de la casa. Casi nunca se iba, y sus amigas
dejaron de venir; se negaba a abrir la puerta cuando tocaban. Se encerró en la
habitación. Me daba tanto miedo dejarla sola que llamé a mi jefe y renuncié.
Nunca le conté, pero nunca preguntó.
Me sentí tan atrapado. No podía irme. No podía comer. Dormía cuatro
horas por noche con suerte. Demonios, si tenía que ir al baño, lo aguantaba
hasta tener miedo de hacerme encima. Si no estoy mirándola, ella quizá… No
quiero pensar en lo que pueda hacer. Trato de seguir con la vida y tener una
actitud positiva. Vivo con el amor de mi vida, y cuando duerme, me levanto para
acurrucarme en la cama con ella y sostener su mano mientras la abrazo,
esperando que mi tacto quizá la reconforte.
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Kevin Mendoza
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El tratamiento para perder peso más increíble DEL MUNDO!!!
ADVERTENCIA: Lo Que Se Publica En Esta Pagina, Tiene El Fin De Entretenimiento.
NO! Se Recomienda Recrear (Hacer) Ninguno De Los ''Rituales'' Que Se Encuentran En Este Sitio.
ATTE: Kevin Mendoza
Un poco de trasfondo: era rellenita desde que estaba en
la escuela secundaria. no masivamente obsesa, pero definitivamente tenia más de
5 o 10 libras de sobrepeso. Aparte de eso no era fea ni nada, y me podía
arreglar bien si quería, pero con ese peso adicional era muy difícil conseguir
una cita, y eso no me agradaba mucho que digamos. Me gusta ir de fiesta, me
gusta salir y divertirme y estar cerca de la gente, y mi cuerpo realmente me
limitaba, y tienes que creerme cuando digo que lo intente todo, dietas sin
carbohidratos, solo frutas, veganismo, también hice unas cosas innecesariamente
peligrosas como el mastica y escupe (nunca me pude obligar a vomitar) o
simplemente matarme de hambre, nada de eso funciono nunca.
De vuelta al presente, estoy en la universidad, y estamos
viendo una unidad breve sobre parásitos, se exactamente lo que están pensando,
y si, lo admito: el segundo en el que descubrí que podías usar parásitos, como,
lombrices solitarias y eso, en forma de una medida para perder peso, me puse a
investigar de inmediato.
La cosa es que, en realidad no es tan peligroso como
dicen que es?
Leí muchos foros, y parece que solo hay dos tipos de
complicaciones con las que las personas terminaron, o sobre compensaban por lo
que perdían y terminaban ganando peso al final, o se lo dejaban por mucho
tiempo y hacia una salida por su propia cuenta y terminaban teniendo que ir al
hospital, me tomo mucho estudio y mucha planificación cuidadosa, pero
eventualmente más o menos entendí como era que podías lograr un punto medio y
no cagarla mucho, el truco parecía ser matar de hambre al pequeño desgraciado, pérdida
de peso máxima, pues estarías quemando grasa, y (con suerte) ninguna de las
complicaciones.
Me doy cuenta de lo mal que suena, en serio lo sé,
aguanten un poco!
Parece ser que no puedes COMPRAR parásitos para
infectarte con ellos en Amazon, ese fue mi primer contratiempo, me tomo un par
de semanas, y al final tuve que publicar un anuncio en craigslist antes de que
tuviera alguna pista en lo absoluto, cuando al fin picaron el anzuelo, tuve que
reunirme con este tipo en un motel asqueroso en el centro para cerrar el trato,
me los lleve de ahí mismo, es definitivamente raro pensar que te estas introduciendo
intencionalmente un parasito como una lombriz solitaria en tu cuerpo, raro y me
dio todo tipo de asco al comienzo, pero lo superas eventualmente.
Ayudo que el tipo al que se lo compre era muy agradecido
y entusiasta, algo pervertido, pero ya me lo esperaba de craigslist.
Termine teniendo que volver con el dos veces más por dos
meses, parece ser que a veces tu cuerpo combate una infestación como esa, luego
del tercer intento al fin funciono, lo sé porque me estaba haciendo pruebas
obsesivamente que estaba (lo admito) robando de mi laboratorio de biología,
para entonces ya habíamos terminado la unidad sobre los parásitos, así que
nadie nunca sabría que hacían falta.
Así que cuando empieza la pérdida de peso mágica? no es
DE INMEDIATO, toma un tiempo para que tu nuevo amigo se acomode y te empiece a
robar los nutrientes, te VAN a dar nauseas, no se puede evitar, al principio
las mías eran tan malas que empecé a dejar un bote de basura al lado de mi cama
para que en la mañana pudiera rodar al costado y vaciar mi estómago ahí mismo.
Pero pasa, luego de unas semanas!
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Kevin Mendoza
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AL FINAL DE LA CALLE
Sara era una mujer de rituales, rituales para dormir, rituales para comer,
rituales para fumar, rituales para escribir, rituales para follar...
Antes de encender el portátil y comenzar a escribir sus dos horas
rutinarias y nocturnas, cogía un cigarrillo rubio y lo hacia girar sobre sus
dedos hasta 12 veces. Llevaba 2 semanas estancada con un cuento que se llamaba “Al
Final de la Calle ”,
5 minutos antes de que terminaran las 2 horas reglamentarias llevaba escrito
esto:
“Laura llevaba 2 meses estancada
con el cuento, no recordaba por qué había comenzado a escribirlo, cuál había
sido su inspiración, o por qué de manera insidiosa y vírica había comenzado a
infectar cada rincón de su cerebro haciendo que se obsesionara con él”
Sara suspiró de frustración, entendía perfectamente a Laura, ¿o era al revés?.
La cabeza le daba vueltas, se encendió el cigarro rutinario al terminar sus dos
horas de escritura y luego se abrió una cerveza, algo que no entraba dentro de
sus rutinas nocturnas, pero sentía en las tripas que necesitaba una. Hacía un
bochorno insoportable, abrió la ventana
y bajó la persiana lo justo para dejar una rendija por la que corriera el aire.
Se quitó la ropa, todo menos las bragas, y se dejó caer a peso muerto sobre la
cama. Le costó dormirse por el calor, pero finalmente lo logró.
La pesadilla sobrevino de repente a traición como suelen hacerlo, no había
monstruos, ni muertes, incluso podría decirse que era de bajo presupuesto, pero
el terror retumbaba en su pecho y frente, y el agobio y la tensión eran
insufribles. Se vio a sí misma en su propia calle, una calle que no tiene
salida por uno de sus lados, terminando de manera abrupta en un muro de piedra
de hacía 50 años, una época en que la gente de manera ingenua creía que en el año
2000 viviríamos en Marte teniendo hijos marcianitos y bodas marcianitas. A la
derecha del muro, como en el de la vida real, Sara vio la puerta de metal
oxidado que daba a un solar cubierto de musgo, repleto de somieres mugrientos
y cristales rotos. Abrió la puerta,
aunque no tenía consciencia de que fuera ella quien lo hiciera. Al entrar en el
solar, no pudo contenerse, sintió el tibio y resbaladizo abrazo de la orina al
deslizarse por sus muslos desnudos al ver una mujer con la falda subida, las
rodillas destrozadas, la cara ladeada como inconsciente...aunque no, Sara sabía
de alguna manera que aquella mujer estaba muerta y sobre ella una hombre la violaba,
o terminaba de violarla. El hombre pareció que veía a Sara pero no se detuvo. Sara se desvaneció de
la extenuación, rezando, aunque no creía
en nada salvo en sus rituales, para que se despertara y no saltara como en
otras ocasiones a otra pesadilla. Pero al despertar seguía en la pesadilla, el
mismo solar aunque en él solo estaba ella. Amanecía, el frío de la mañana le subía
por las piernas, y respigaba su tripa. No, no era otra pesadilla, era el solar,
era el final de su calle, y el miedo dio paso al rubor y la vergüenza. Miró por
la puerta que daba a la calle, y vio que estaba desierta, recordó que era
domingo, nadie madrugaría y menos tan temprano, corrió acera arriba sin pensar
en si alguien la habría visto. Sobre la planta de sus doloridos pies sintió
cada gota, humedad, oquedad, colilla y chicle solidificado. El portal estaba
abierto y también la puerta de su casa. Desde que era una cría no había tenido ningún
terror nocturno que le hiciera caminar sonámbula, y menos por la calle. Sara
optó por la opción mas típicamente humana de todas, ocultar y enterrar. Llenó
la bañera de agua caliente y se hizo un chocolate. Se hundió hasta la nariz, la
temperatura ya era alta de por sí, pero con el calor del agua, la piel de Sara
se cubrió de sudor, y el sueño llegó como un ensalmo, pero se pasó una mano por
la cara, apuró el chocolate, y salió del agua, se secó por encima y fue directa
al portátil.
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Kevin Mendoza
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