Muerto el perro…





Había pocas cosas en la vida de las que Elena estaba segura, sin embargo de nada estaba más convencida que de su profundo odio por su madre. Solo pensar en esa mujer, que supuestamente debía significar el mundo para ella, le producía jaqueca y una sensación de cólera que tardaba minutos, casi horas, en calmarse.

Quizás no era para menos. La madre de Elena era una persona desagradable, de lengua hiriente y a quien le importaba poco otra persona que no fuese ella misma… aunque clamara que su amor por su hija era el más grande de todos. Pero además de esto la mujer tenía un demonio propio que la convertía en un ser torpe y agresivo, que se apoderaba de su cuerpo y de su mente en las situaciones más diversas y que venía envasado en una botella de vidrio. Botella que, tras treinta minutos de abierta, era reemplazada por otra y luego por otra.

Elena ya no podía llevar la cuenta de la cantidad de veces que tuvo que correr al médico porque su madre había bebido unas botellas de más que la llevaron a abrirse la cabeza contra algún mueble, la cantidad de noches que durmió con un bate bajo la cama para protegerse si era necesario, la cantidad de insultos que tuvo que escuchar. Con diecisiete años recién cumplidos la chica había vivido más de lo que a ella le hubiese gustado vivir. Su padre había muerto en un accidente de transito hacía ya cinco años y Elena se sentía completamente sola. Sentía como si el peso del mundo recayese sobre sus débiles hombros.

Acostada sobre su colchón y mirando hacia el techo taciturnamente, cada noche pensaba en encontrar una salida de aquel laberinto. Fabulaba fantasías prohibidas de pequeñas dosis de cianuro que accidentalmente se mezclaban con el champagne, pantuflas que se enredaban en las escaleras, tuberías de gas que eventualmente desarrollaban pérdidas y cigarrillos encendidos que las descubrían. Pensamientos que nunca quedaban más que en su mente y eran borrados por el sonido sordo de una silla que se golpeaba, un vaso que se caía, o gritos incomprensibles que salían de esa lengua trabada y pastosa que aparece después de la cuarta copa. Las lágrimas no dejaban de caer de los ojos de Elena, dejando su blanco cutis ardido y enrojecido, mientras las manos comenzaban a temblarle y un monstruo violento y voraz golpeaba su pecho intentando salir. “Acá vamos de nuevo” pensaba entre sollozos mientras echaba llave a su cuarto y se ponía sus auriculares para acallar el sonido. Si había algo que Elena odiaba además de a su madre, era su vida.

Luego de una hora, por lo general, el ruido cesaba y entonces ella bajaba a ver los daños: un plato roto, un televisor tumbado, una alfombra vomitada… eran los favoritos de su madre. Pero la imprudente mujer nunca recibía heridas serias. “Años y años te esperan de lo mismo” pensaba para sí misma la cansada adolescente, cuyo rostro ya comenzaba a mostrar el castigo del estilo de vida que su progenitora había escogido para ella.

Una fría noche de Julio, Elena hacía su habitual recorrido por los pasillos de la casa en busca del saldo de destrozos de la noche. Cuando llegó a la cocina su corazón dio un tumbo y comenzó a galopar en su pecho. Allí estaba su madre, inerte en el suelo, descansando en un charco de sangre. “Muerto el perro se acabó la rabia” pensó y esbozó una pequeña sonrisa. Con una sensación que le pareció eufórica, se acercó corriendo hacia la mujer y le tomó el pulso. Normal. Solo tenía una herida superficial en la cabeza… de esas que sangran demasiado para el tamaño que tienen. Sintió desilusión. Sí, ese sentimiento era desilusión, no había la menor duda sobre eso.

“Muerto el perro, se acabó la rabia”, volvió a pensar mientras se retiraba. La solución ya era ineludible… su madre no moriría sola y ella no quería vivir una vida donde tuviese que hacerse cargo de ese pesado bulto que olía a whisky barato.

No se detuvo a pensarlo. Solo iba a esperar que su madre estuviese despierta y sobria. Quería que

Detras De La Pantalla






“No creas todo lo que dicen”, muchas veces somos victimas de lo que vemos o escuchamos, caemos totalmente en las mentiras de la gente. A veces aprendemos la lección y no volvemos a caer en la misma trampa, otras veces, seguimos haciéndolo sin darnos cuenta de cual fue el error. ¿Pero que pasaría si después de aprender la lección, alguien te demuestra que no todo lo que ves es falso?
Mi nombre es Isabel, pero prefiero que me llamen Bel para acortarlo. Soy una niña normal de 16 años que le gusta pasar un buen susto de vez en cuando, por eso suelo buscar por Internet algún relato que me erizó los pelos, pero después de haber leído tantos deje de creer en ellos, y perdieron su gracia poco a poco.

Un día, encontré una extraña leyenda urbana que decía que si te metías a cierta pagina a cierta hora, una mujer te vendría a visitar y te arrancaría los ojos. Por supuesto, yo no creí en esa historia, “ya no saben que inventar” me dije, y lo deje. Se lo pasé a una de mis amigas, pareció entusiasmarle, y me retó para que hiciera lo del relato. Mi ego no me permitía quedar mal parada en ese reto, así que acepte, y me vi forzada a estar sola frente a un monitor, con las luces apagadas, a media noche y a punto de entrar a esa pagina. Debo admitir que me dio miedo, ¿Y a quien no? Espere los segundos exactos para entrar a esa pagina, y al ver los cuatro ceros en la hora del monitor, apreté el botón “actualizar” del navegador.
“Esta pagina Web no esta disponible”
¿Lo habré escrito mal? Antes de que se acabara el minuto de la media noche, lo intente varias veces y nada, aparecía otra pagina, un error, nada, ¡Nada! Esa supuesta pagina no existía, solo era una leyenda urbana.

Luego de hacer una foto para que mi amiga me creyera que cumplí con el reto, me puse a dormir como siempre. Al día siguiente, le mostré la foto y me gane la admiración de los que no se atrevieron a entrar, pero uno de ellos parecía no importarle, no era que el también lo hubiese hecho, sino que decía que yo realmente no había demostrado nada, ya que eso no era “real”.

“Haz oído hablar de ¿La noche de los que lloran?” dijo, me dio un papel con la dirección de una pagina Web muy extraña, estaba escrita con letras y números, no podía entender lo que decía. Bajo la dirección habían unas instrucciones, decían que debía entrar con las luces apagadas, a media noche y totalmente sola. “Clásico” me dije, esto no era nada nuevo para mi, luego de leerlo varias veces, vi una frase que no había visto antes ya que estaba con una letra muy pequeña “Debes entrar completamente sola”, me extrañe, al parecer era importante ese punto, como sabia que solo era una leyenda urbana solo lo arrugue y lo guarde dentro de uno de mis bolsillos.

Tiempo después, vi una noticia realmente extraña en la televisión, una persona había muerto frente a su computador, cualquiera diría que no tenia nada de especial, si no fuera que esa persona tenia medio cuerpo pegado a la pantalla del monitor “Es como si alguien hubiese roto el vidrio de una ventana y lo hubiese tirado de los brazos desde adentro, para luego volver a poner un vidrio en medio de su cintura y dejarlo atrapado”, nunca había visto algo así, pero lo que luego oí fue lo que me dejo petrificada “Luego de buscar el historial en su equipo, descubrieron que la ultima pagina en la que se había metido fue una extraña Web hecha de números y letras, nadie sabe aun su significado”.
Al instante recibí una llamada, era mi mejor amiga diciendo que vendría corriendo a mi casa. Cuando la veo llegar, llega desesperada diciendo que había encontrado algo “Fascinante” que yo debía ver. Entramos a mi habitación y se puso a buscar en Internet la dirección que me había dado esa persona, aparecieron un montón de foros y otras paginas en que alertaban a la gente “No entre a esa pagina” “No se arriesgue” “Mi tío se murió por culpa de esa pagina”, millones de personas tratando de que nadie entrara a esa pagina Web.

“¿Y tu crees que si a ellos les hubiese pasado algo malo, estarían allí alertando a los demás?” Nadie dijo nada acerca de que era lo que uno veía al entrar a esa Web, ni porque estaba escrita de esa forma.
No pude evitar sentir miedo al ver todas esas advertencias, mi amiga parecía muy entusiasmada “¿Que tal si probamos nosotras esta noche?”. Cuando dijo eso, asentí al instante, como un acto reflejo, trate de negarme de inmediato, pero me siguió insistiendo, no me quedaba otra, debía asumir y entrar en esa pagina.

Esperamos que se hiciera de noche y nos pusimos a probar entrar en esa pagina, comprobamos varias veces que estuviera bien escrito, pero solo aparecía un mensaje de error “Esta pagina Web no esta disponible”. Quizá fuese como la otra Web, donde solo se podía entrar a medianoche. Una vez que vimos los cuatro ceros, entramos a la pagina. Solo había un fondo negro, y unos números en la esquina inferior derecha de la pagina. No había ningún botón que nos llevara a la pagina siguiente, nada, solo esos números que subían muy lentamente.

Mi amiga empezó a desesperarse, chiqueó como loca toda la pantalla, pero solo logro soltar el pequeño botoncito del mousse, que lo tenia fallando desde hace mucho tiempo “Vaya porquería de pagina”, dice, y se levanta, dejándome sola en la habitación, antes de que saliera, tomo el mousse para buscar si había algo que ella no logro encontrar, y cuando paso el puntero sobre los números, aparece un mensaje escrito en blanco en medio de la pantalla.
“B13NV3N1D0″
Llame a mi compañera para que viniese a ver lo que había encontrado, volvió corriendo y se sentó a mi lado como estábamos antes. chiqueó el mensaje y nos llevo a una nueva pagina, tenia también el fondo negro, y había un pequeño mensaje en el centro que decía algo así como “¿H45 V3N1D0 C0MPL3T3T4M3NT3 S0L4?”, y dos opciones abajo que ponían “si” o “no”. Mi amiga ni siquiera me preguntó, puso “Si”, apareció otra pantalla completamente en negro, y se quedo allí por bastante tiempo. Nos miramos por un rato, tratando de adivinar que era lo siguiente, pero un chillido ensordecedor nos hizo devolver la vista a la pantalla, solo había un mensaje que decía “¿P0RQU3 M13NT35?”, nos llevamos las manos a los oídos, mi amiga suplicaba que apagara los parlantes, pero yo siempre los tengo apagados, me puse a buscar una manera de apagar el sonido, trate de cerrar la

ATRAPADOS EN LA OSCURIDAD (PARTE1)



Giancarlo era un joven de 23 años que vivía una vida normal y rutinaria, su día era ir de su casa a la oficina, de la oficina a la universidad y luego a su casa. Solo usaba sus sábados para jugar al WOW o estar tomando con sus amigos y su novia.
Él vivía en una casa el cual detrás de ella había ubicada una huaca muy antigua la cual iban removiendo para poder construir casas.
Llego el mes de diciembre y Giancarlo recibió su gratificación, con la cual el pretendía derrumbar la parte trasera de su casa que era de adobe y remover un poco de huaca para poder expandir su casa lo cual haría que su vida cambie por completo.
Llego el 1 de enero del nuevo año y Giancarlo, amigos y familiares comenzaron a demoler la parte trasera de su casa y a remover huaca, todo iba normal hasta llegar las 3 de la tarde que al momento de remover huaca encontraron dos mandíbulas humanas sorprendidos por lo que encontraron Giancarlo y sus amigos siguieron removiendo huaca porque les faltaba poco para poder remover lo que acordaron, pero encontraron algo que los dejo perplejos, encontraron dos esqueletos, uno de una persona mayor y otro de un niño. Al ver esto Oscar el mejor amigo de Giancarlo le pidió que le diera el cuerpo del niño para colgarlo en su casa, ya que él era aficionado a las excavaciones y esas cosas. Sin más pensarlo se lo dio y Òscar se lo llevo a su casa.
Las cosas no volverían a ser iguales para ambos amigos desde ese día.
Esa misma noche Giancarlo tiene una fea pesadilla en la cual los dos esqueletos lo perseguían por toda su casa, en la mañana se encuentra con Òscar y le cuenta lo que soñó y este le dice que soñó exactamente lo mismo.
Ambos pensando que solo era una psicosis temporal por lo que encontraron los esqueletos y quedaron sorprendidos no le dieron mera importancia, luego Giancarlo regresa a su casa para alistarse y se va a su trabajo y a la universidad, luego al regresar a su casa, le parece extraño porque no había nadie en su casa y ve una nota que su familia había salido a una reunión, el ceño y luego se fue a la cama, mientras trataba de dormir comenzó a escuchar golpes fuertes en su sala, como si estuvieran tirando las sillas Gian con miedo no quiso ir a ver pero se armó de valor para ver por qué pensó que quería robar en su casa, se asomó a la ventana de su cuarto para ver la sala pero no vio a nadie solo vio dos sillas tiradas en el suelo, mientras seguía observando los paños para limpiar la mesa fueron arrojados contra su ventana, Gian se asustó por qué no vio a nadie que pudiera tirar los paños, y del susto se metió entre sus sabanas y trato de dormir pensaba que todo era un sueño.
A la mañana siguiente sus padres llegaron y lo regañaron por todo el desorden que había en su sala, y cuando vio la sala se quedó pasmado todas las sillas estaban de cabeza encima de la mesa el casi grito pero se calmó y le conto todo a sus padres los cuales no le creyeron y pensaron que era otra más de sus bromas.
Ese mismo día Gian le pregunto a su padre que paso con el esqueleto del hombre que encontraron, el le respondió que estaba lo había entregado a la policía, Gian sintió calma pero luego su padre le dijo pero que raro tu abuela dijo que no debía haber hecho eso porque era profanación no le entendí pero seguro estaba delirando.
Gian sintió como un escalofrió recorrió su espalda hasta llegar a su nuca, él fue a trabajar como un día normal sin saber lo que a él y a Oscar les espera... (CONTINUARÁ).


Escrito por Giancarlo tueros de la cruz

Ickbarr Bigelsteine, el muñeco infernal


Cuando era un niño tenía pavor de la oscuridad. Todavía lo hago, pero cuando tenía más o menos seis años no podía pasar una noche entera sin llorar para que alguno de mis padres buscara debajo de mi cama o en mi armario a cual fuera el monstruo que pudiera estar esperando para comerme. Incluso con una luz de noche todavía veía figuras oscuras moviéndose en las esquinas de mi habitación, o caras extrañas mirándome desde la ventana. Mis padres hacían lo que podían para consolarme, diciéndome que era sólo una pesadilla o una ilusión óptica provocada por la luz, pero en mi joven mente estaba seguro de que al momento que cayera dormido, las cosas malas me iban a atrapar. La mayoría del tiempo me escondía debajo de las frazadas hasta estar lo suficientemente cansado como para dejar de preocuparme, pero de vez en cuando sentía tanto pánico que corría al cuarto de mis padres, despertando a mi hermano y hermana en el proceso. Después de un calvario como ése, no habría manera de que alguien tuviera una buena noche de sueño.
Eventualmente, tras una noche particularmente traumatizan te, mis padres se hartaron. Por desgracia para ellos, entendían bien la inutilidad de discutir con un niño de seis años, y sabían que no podrían convencerme de dejar a un lado mis miedos a través de la lógica y la razón. Tenían que ser ingeniosos.
Fue idea de mi madre confeccionar a mi pequeño amigo para la hora de dormir.
Juntó muchos pedazos de tela surtidos con su máquina de coser y creó a quien yo más tarde llamaría «Sr. Ickbarr Bigelsteine», o «Ick» para abreviar. Ick era lo que mi madre llamaba «un monstruo de medias». Estaba diseñado para protegerme mientras dormía por la noche, asustando a todos los demás monstruos. Ickbarr tenía un aire a un Frankestein en versión gremlin, con ojos grandes y blancos hechos de botón y orejas de gato caídas. Sus pequeños brazos y piernas estaban hechos con un par de medias rayadas en blanco y negro que pertenecían a mi hermana, y la mitad verde de su cara estaba hecha de una de las medias altas de fútbol de mi hermano. Su cabeza podría ser descrita como bulbosa, y por boca mi mamá le había cosido un pedazo de tela blanca, y bordado en forma de zig-zag una amplia sonrisa de dientes afilados. Lo amé desde el primer momento.



De ahí en adelante, Ick nunca se separaba de mi lado. Así que cada noche a la hora de dormir, me diría dónde se escondían los monstruos y yo lo colocaba en el área de mi cuarto más cercana a lo macabro. Si había algo en el armario, Ick bloqueaba la puerta. Si había una extraña criatura rasguñando la ventana, apoyaba a Ick contra el vidrio. Si había una gran bestia peluda bajo mi cama, bajo la cama lo ponía. Algunas veces, los monstruos se escondían en mis sueños, e Ickbarr tenía que venir conmigo a mis pesadillas. Era divertido traerlo a mi mundo de ensueño, ya que juntos pasábamos horas combatiendo demonios y fantasmas. La mejor parte era, que en mis sueños, Ick podía realmente hablarme. —¿Cuánto me amas? —me preguntaba.
—Más que a nada en el mundo —siempre le decía.
Una noche, en un sueño, después de perder mi primer diente, Ick me pidió un favor.
—¿Me puedes dar tu diente?
Le pregunté por qué.
—Para ayudarme a matar a las cosas malas —me dijo.
A la mañana siguiente mi madre me preguntó dónde estaba mi diente cuando bajé a desayunar. Por lo que me dijo, el «hada de los dientes» no lo había encontrado bajo mi almohada. Cuando le dije que se lo di a Ickbarr ella solamente se encogió de hombros y se regresó a alimentar a mi hermana pequeña. Desde ese momento, cada vez que perdía un diente se lo daba a Ick. Siempre me agradecía y, por supuesto, me decía que me amaba. Con el pasar del tiempo, sin embargo, me quedé sin dientes de leche, y ya me estaba poniendo un poco viejo para seguir jugando con muñecos. Así que Ick sólo se sentaba ahí, en mi estantería, acumulando polvo y ausentándose lentamente de mi atención.
Pero las pesadillas se volvieron peores. Tanto que empezaron a seguirme mientras estaba despierto, atemorizándome en cada rincón oscuro o arbusto que se movía. Luego de una noche particularmente mala volviendo de la casa de un amigo en bicicleta, y en la que podría haber jurado que una jauría de perros rabiosos me estaba persiguiendo, llegué a casa para encontrar que alguien me esperaba en mi habitación. En mi cama, de pie y completamente erguido ante la luz de la luna, estaba Ickbarr. Al principio pensé que mis ojos estaban jugándome bromas de nuevo, como lo habían estado haciendo toda la tarde, así que traté de prender y apagar las luces. Lo hice de nuevo, con ningún cambio. Me estaba empezando a poner nervioso.
Comencé a retroceder hacia la puerta, sin quitar mis ojos de la silueta de Ick; mi mano estirada incómodamente, buscando el picaporte. Estaba a punto de irme a la mierda de ahí cuando escuché que la puerta era azotada contra su marco, dejándome encerrado en la oscuridad. En nada más que sombras y silencio.
Hasta que escuché una voz familiar y estridente. —Dejaste de alimentarme; ¿por qué debería protegerte?
—¿Protegerme de qué?
—Déjame mostrarte.
Pestañeé una vez y todo cambió. Ya no estaba en mi habitación, estaba en… otro lugar. Una especie de bosque, un lugar horrible, de pesadillas, donde partes de fetos abortados colgaban del follaje, y el suelo estaba infestado con insectos carnívoros. Una niebla espesa inundaba el aire con un olor a carne podrida, mientras luces de un verde amarillento parpadeaban en el cielo oscuro. Mi cabeza empezó a palpitar como si estuviera a punto de explotar, porque en mi mente, escuchaba la voz de nuevo.
—Esto es lo que tu realidad será sin mí.
Sentí unas pisadas que hacían temblar la tierra, aproximándose rápidamente.
—Soy el único que puede pararlo.
Estaba detrás de mí ahora, enorme y enojado.
—Dame lo que necesito, y lo haré.
Me desperté antes de poder darme vuelta.
Al día siguiente revisé el armario de mis padres buscando los dientes de leche de mi hermano, y se los di todos a Ickbarr. Casi inmediatamente después de ello las pesadillas terminaron, y estaba relativamente en condiciones de seguir con mi vida normal.
De vez en cuando, me metía en la habitación de mi hermana y robaba lo que estaba destinado al hada de los dientes, o estrangulaba a uno de los gatos de la vecina para quitarle sus pequeños incisivos. Cualquier cosa para alejar las visiones. También comencé a notar que Ick se movía en mi cuarto cada vez que yo me iba, reordenando mis cosas y adicionando más cortinas. Se veía más vivo, de alguna forma. En la luz correcta sus dientes podían verse brillando y se sentía tibio al tacto. Por más que esto me asustara, no podía juntar el valor necesario para destruirlo, sabiendo perfectamente a dónde eso me llevaría. Así que continué recolectando dientes para Ick a lo largo de la secundaria y la universidad. Mientras más crecía, a más cosas aprendía a tenerle miedo y más dientes necesitaba Ick para mantenerme a salvo.
Ahora tengo 22 años, un trabajo decente, mi propio apartamento, y una colección de dentaduras. Ha pasado casi un mes desde la última vez que Ick comió y las pesadillas están empezando a acorralarme de nuevo. Tomé un desvío a través de un estacionamiento después del trabajo esta noche. Encontré a un hombre forzando la cerradura de su auto. Sus dientes estaban manchados de amarillo gracias a una vida de tabaco y café, y aun así, tuve que usar el martillo para extraer los molares. Cuando regresé a mi departamento él me estaba esperando. En el techo, en un extremo. Dos ojos blancos y una boca de navajas.
—¿Cuánto me amas? —me pregunta.
—Más que a nada —le contesto, sacándome mi abrigo—. Más que a nada en el mundo.


Sangre Nieves: ¿la verdadera historia de Blanca Nieves?

Liliana esperaba con ansias la llegada de su primogénita, esa criatura que tanto habían soñado ella y su esposo, Lord Frederick. Tan segura estaba de que sería una niña, que todas las noches imaginaba su apariencia hermosa con piel blanca como la nieve, cabellos tan negros como una noche sin luna ni estrellas y labios rojos, tan rojos como la sangre fresca…
De pronto empezó a sentir un dolor muy agudo en el vientre e instintivamente llevó sus manos a él, mientras se doblaba del dolor y veía cómo el inmaculado vestido que llevaba puesto empezaba a teñirse de rojo hasta los pies, haciéndola gritar por ayuda.
Fueron horas de labor y dolor el dar a luz a esa criatura hermosa, tanto así que la salud de Liliana empezó a decaer, día a día, y ella dejó de ser la misma.
Los siguientes meses transcurrieron dentro de un ambiente de calma y alegría, mezclado con incertidumbre para Lord Frederick, ya que su felicidad no podía ser completa si tenía que ver cómo la belleza y juventud de su amada esposa se consumían rápidamente con el pasar de los días; en cambio, su hija crecía, y empezaba a dar sus primeros pasos.
Liliana murió al cabo de un año, dejando huérfana a su pequeña Lilly, y a Lord Frederick con un dolor profundo.
A los ocho años Lilly se había convertido en una niña hermosa, pero malcriada, y podría decirse que hasta malvada: gozaba maltratando a las hijas de los sirvientes, atrapaba ratones para luego ahogarlos en un balde con agua y cazaba aves pequeñas para arrancarles las alas, mientras su mirada se tornaba en algo grotesco…
Un día Lord Frederick la mandó a llamar para anunciarle que tendría que salir de viaje, puesto que iría a conocer a quien sería su nueva esposa. Esto a Lilly no la complació en lo absoluto y sólo respondió  con una mueca, echando a correr. Su comportamiento seguía empeorando, permanecía horas encerrada en la habitación de su madre cepillando su cabello frente a un gran espejo, con la mirada perdida en el vacío de su reflejo.
Pasó un tiempo antes de que Lord Frederick regresara a su castillo. Al parar el carruaje en el que venía, bajó y se quedó parado con la mano extendida a la puerta del vehículo tomando la mano de una hermosa mujer. Detrás de ella, un hombre apocado y aparentemente con retraso mental cargaba una caja de madera. Lord Frederick buscó a Lilly entre el mar de gente que llagaba a recibirlos; una de las sirvientas la traía de la mano, la pequeña llegó con la mirada baja y una de sus manos cerrada en un puño.
Lord Frederick la llamó pero ella no respondió, haciendo que quisiera darle una reprimenda, pero la hermosa mujer a la que aún sostenía de la mano lo contuvo suavemente, al mismo tiempo que se inclinaba para saludar a la pequeña. Lilly la observó desafiante, pero la mujer no dejó de sonreír y preguntó a la niña si podía mostrarle su mano. La mirada de Lilly se tornó maliciosa, y abrió su puño para dejar ver el cuerpo de un ratón desollado y sin ojos.
Sin perder la compostura, la bella dama le preguntó si no preferiría cambiarlo por lo que sostenía el hombre, hermano de Lady Claudia —así era como se llamaba la bella mujer—. Ésta tomó la caja en manos de su hermano y al abrirla apareció un cachorro. Se lo mostró a la niña; ella dejó caer el ratón, sacó al cachorro, se dio media vuelta y se alejó saltando y cantando dejando a Lady Claudia encubriendo el enojo que le provocó por haberla ignorado… Al día siguiente se celebraba la boda entre su padre y Lady Claudia, pero Lilly no salió de la habitación de su madre y lloró amargamente frente al espejo.
Horas después los recién casados se encontraban dormidos. Lady Claudia empezó a sentir cómo algo goteaba en su cara. Se enderezó en la cama, pasó su mano por el rostro… ¡sangre!, era sangre de lo que se mancharon sus dedos. Miró hacia arriba y el cachorro que le había regalado a Lilly prendía de la cabecera degollado; pero ella no gritó, sólo tomó lo que quedaba del animal y se dirigió a la habitación de la niña. Al entrar se sentó en la cama y despertó a la pequeña con un beso en la frente. Lilly abrió los ojos, y entonces le dijo en voz muy baja:
—Es mejor que no me tomes como a tu rival pequeña, porque puede que pierdas la guerra.
Con el pasar de los años Lilly se convirtió en una adolescente bella e inteligente, mucho más que su difunta madre, pero con una personalidad cruel y sanguinaria. Su madrastra esperaba a su primer hijo, y Lord Frederick organizaba una gran fiesta para celebrar el cumpleaños de su hermosa primogénita. Por esta razón, Lady Claudia ofreció a Lilly el vestido que ella usó cuando cumplió dieciséis como una muestra de tregua a su pequeña guerra. La joven aceptó el vestido y caminó hacia la habitación de su madre.
Esa noche, Lilly apareció en la fiesta ataviada con uno de los vestidos de su madre. Lady Claudia se enfureció mientras veía bailar a su hijastra, y su esposo estaba embelesado porque su hija le recordaba a Liliana. La mujer empezó a sentir contracciones, y horas después el bebe nació, muerto. Lord Frederick quedó devastado… pero no se comparaba al dolor de la madre fallida, quien gritaba a todos que la dejaran en paz y llamaba a voces a su hermano. Lilly contuvo una risa de victoria.
Tras haber perdido su belleza, Lady Claudia se encerró en sí misma, hasta que un día dejó la habitación para vagar por los pasillos del castillo, y al dar con la habitación de Liliana, sintió como si una voz la instigara a entrar. Lo hizo, y caminó hasta quedar frente a un espejo inmenso con bordes dorados. Hipnotizada, se sentó en el banco junto a él y miró fijamente su reflejo, ya no gozaba de juventud… Empezó a llorar, y gritar, que todo era culpa de esa mocosa. Intentó destruir el amado espejo de Liliana, pero su reflejo la detuvo, y hablando como si tuviera vida, y haciéndola sentir que perdía la razón, le prometió devolverle su juventud y belleza siempre y cuando estuviera dispuesta a hacerle unos pequeños favores…
Así fue como Lady Claudia había rejuvenecido ante la mirada llena de odio de Lilly. Cegada por su sentimiento de triunfo, envió a Lilly a un viaje con el pretexto de que necesitaba conocer el mundo. Pero le pidió a su hermano que la escoltara, y se asegurara de que sufriera un «accidente» en el camino. Mientras tanto, Lady Claudia se encargaría de vengarse de su amado esposo, quien siempre prefirió a Lilly por sobre ella.
La noticia de que Lilly y su hermano habían desaparecido sin dejar rastros no tardó en llegar. Aunque esto destrozó aún más a Lord Frederick, la evidente muerte de su hermano no significó nada para Lady Claudia, y siguió envenenando a su esposo y llenándolo de dolor, decidida a hacer de él un despojo humano. En cuestión de noches Lord Frederick había perdido completamente su espíritu y vagaba por el castillo llorando y buscando desesperado a Lilly, pero ella no contestaba su llamado.
Todo sería distinto una noche de invierno, cuando el ambiente en el castillo era más tétrico que de costumbre. Lady Claudia paseaba por la habitación que era de Liliana llevando en brazos un pequeño bulto, tarareando una y otra vez la misma canción. De repente, se escucharon gritos a la entrada del castillo; Lady Claudia posó el bulto en la cama para asomarse por la ventana. Uno de los guardias había sido degollado y destrozado mientras los demás huían despavoridos como si una jauría de lobos los atacara. Eran siete hombres corpulentos, aullando de placer, desgarrando a los guardias uno a uno ¡con sus propias manos y dientes! La sangre que brotaba de sus víctimas manchaba sus rostros y caía impúdica sobre la blanca nieve…
Lady Claudia se aterrorizó y quiso correr a asegurar las puertas de la habitación, pero ya era demasiado tarde, una figura se asomaba a la puerta sonriendo, tan maliciosamente como siempre. Era Lilly. Lady Claudia se preguntaba cómo es que había sobrevivido, la niña se limitada a sonreír. Uno de sus brazos escondía algo detrás de su espalda. Lady Claudia la miraba con horror y curiosidad; ¿qué era lo que ocultaba?


¡La cabeza de su hermano!, que había cercenado y mutilado, ahora sus ojos eran unas cuencas vacías y su boca abierta no era más que un agujero sin dientes ni lengua, sólo una masa de carne y sangre coagulada y mal oliente. Lady Claudia gritó e intentó huir, pero Lilly fue más rápida, lanzándole la cabeza de su hermano para hacerla tropezar y caer. Rió como una psicótica tomando a su madrastra por los cabellos para obligarla a ver la orgía de sangre que practicaban los siete hombres afuera. Cómo destrozaban los cuerpos de sus víctimas y mascaban la carne cruda que arrancaban con sus dientes… se escuchaba cómo crujía la carne entre sus mandíbulas.
Un leve llanto captó la atención de Lilly y llenó de pánico a Lady Claudia. Soltó a su presa anotándola contra la pared para dirigirse a la cama y destapar el pequeño bulto que tanto atesoraba. Con una sonrisa retorcida, lo recogió, y caminó al espejo extendiendo los brazos y mirándolo con recelo…
—Espejo, espejo sobre la pared. Veo que te has divertido en mi ausencia —dijo con reproche hacia su reflejo, pero poco duró su trance ya que un dolor agudo y punzante atravesó su espalda. Lady Claudia la había apuñalado justo en el centro del corazón, pero Lilly sonrió y giró su cuerpo, mirando fijamente a la mujer, burlándose del acto desesperado por deshacerse de ella.
El reflejo de Lilly ardió en llamas azules y empezó a cambiar frente a una atónita Lady Claudia. La forma que tomó fue la de un demonio de piel pálida, como la blanca nieve, de ojos negros, profundos, como la noche, una sonrisa retorcida y tan roja como la sangre fresca…

Tiempo después se celebraba en el castillo la boda de Lilly y un noble de tierras vecinas. El padre de Lilly se había desvanecido, así como Lady Claudia, y todo empezaba a prosperar de nuevo en el castillo. Lilly esperaba la llegada de su primer hijo y se le veía caminar feliz por los pasillos con algo entre sus manos, hasta que se detuvo en la que alguna vez fue la recámara de su madre, sellada años atrás.
Quitó el seguro de las puertas y caminó hacia el espejo, diciendo:
—Espejo, espejo sobre la pared, no te podrás quejar, ya tienes compañía, y pronto tendrás un heredero más que te alimentará.
Dijo esto mirando directamente hacia el espejo, mostrando al demonio sonriendo complacido y, al fondo del reflejo, a los siete hombres torturando a Lady Claudia y a Lord Frederick.
Lilly arrojó lo que tenía entre las manos hacia un rincón de la habitación y una pequeña criatura salió de entre las sombras para devorar el cuerpo de un ratón, ante la sonrisa malévola de la futura madre…

El Sotano


Me encontraba solo en casa por el fin de semana, trabajando, mientras que mi familia había salido de vacaciones. Eran cerca de las dos de la madrugada y me desvelaba viendo una película de terror en la oscuridad de mi sótano. Tenía la intención de realmente asustarme y ver qué tanto miedo podía resistir, aunque sabiendo que estaba seguro en mi hogar.
Fue entonces cuando escuché el ruido de pisadas en el piso de arriba. Ésta era una molestia frecuente cuando mi familia estaba en casa; cada vez que pasaban por el pasillo principal, y a un lado de la puerta del sótano, escuchaba sus pisadas. En esta ocasión vez el miedo me abordó al instante que percibí el sonido. Mi reflejo fue apagar inmediatamente el televisor… quien quiera que fuese, no habría alcanzado a ver ninguna luz.
Escuché la perilla de la puerta del sótano girar y la puerta abrirse en lo que permanecía inmóvil en oscuridad absoluta. Me moví muy lentamente para no emitir ningún sonido, y me posicioné detrás de nuestro gran televisor. Mientras me acercaba a él, centímetro a centímetro, noté horrorizado que su pantalla negra conservada un débil brillo. Escuché pisadas bajando por las alfombradas pero ruidosas escaleras.
Me congelé en mi escondite, escuchando. Por varios largos minutos, no oí nada. ¿Pudo el intruso ver el brillo del televisor, o éste se había desvanecido a tiempo? ¿Se encontraba de pie en la más pura oscuridad intentando escucharme? Me pareció quedarme ahí en completo silencio por un interminable periodo de tiempo. Mi pánico comenzó a desvanecerse, y ya podía pensar con mayor claridad.
¿Realmente había escuchado un intruso? El sótano estaba tan increíblemente callado que el silencio en sí comenzaba a herir mis oídos. De haber un intruso, aún permanecía en el sótano, puesto que las escaleras crujen, la perilla rechina y no fue capaz de evitar el ruido de sus pisadas en ningún momento antes de llegar aquí.
Empecé a contar en mi cabeza, tratando de pasar el tiempo, mientras baba caía de mi boca sobre la alfombra —no me arriesgaría a delatar mi presencia tragando—. Conté hasta sesenta segundos, dos veces, tres… treinta veces… sesenta… Para entonces mi miedo se había ido y estaba más confundido que otra cosa. Estimé que había pasado por más de dos horas en la oscuridad, y aún no escuchaba nada. De haber un intruso, nada de esto tenía sentido… Finalmente, decidí que tenía que moverme. Si no hacía nada el sol saldría eventualmente y brillaría a través de las pequeñas ventanas del sótano… y, peor aún, comenzaba a oler algo horrible y empalagoso.
Lentamente, siempre muy lentamente, gateé hacia las escaleras apoyándome en la pared. Si alguien estaba parado en la oscuridad, debería ser capaz de rodearlo y luego huir a través de las escaleras. Mientras tanto, el hedor se hacía más fuerte.
Justo cuando me acercaba a las escaleras, hubo un gran estrépito, como de algo cayendo o colapsando sobre el suelo. Fue en ese momento que me precipité hacia las escaleras, corriendo hacia la puerta abierta del sótano y mi completamente abierta puerta principal. Ahora seguro de que alguien estaba en mi casa, llamé a la policía con mi teléfono celular, y observé mi hogar desde la distancia.
La policía llegó. Revisaron el interior de la casa y luego volvieron para interrogarme con un semblante severo. Habían encontrado un cuerpo en la casa: mi anciano vecino, quien pareció haber muerto de un ataque al corazón. Sus sospechas eran que yo tuve que haber dejado la puerta principal sin seguro, y él debió de recorrer mi casa mientras moría, buscando ayuda. Al principio me sentí pésimo, creyendo que me había escondido en la oscuridad de un pobre viejo que literalmente moría a metros de distancia.
Luego se me ocurrió, ¿qué diablos había sido ese fuerte ruido de algo cayendo, eso último que me hizo correr despavorido hacia las escaleras y fuera de la casa? Le pregunté a la policía y me lo confirmaron. La puerta trasera de mi casa había sido forzada, y junto a ella encontraron las huellas lodosas de pies descalzos. De alguna forma, por alguna razón que nunca conoceré, había alguien más en el sótano con nosotros… silencioso, esperando, y escuchando en la oscuridad sobre el cadáver fresco del anciano.

El origen de Eyeless Jack

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Jack era un adolescente que trabajaba en un periódico local. Un día su jefe hizo un anuncio de que Estados Unidos había entrado en La Segunda Guerra Mundial, y Jack al ser estadounidense se dignó a inscribirse en el ejército para luchar por su país. Al poco tiempo se hizo amigo de un inglés llamado Louis, el que también se había alistado allí, ya que su pueblo fue atacado y tenía la necesidad de defenderlo.
Jack y Louis se hicieron mejores amigos, y todos lo demás soldados empezaron a llevarse muy bien, hasta se llegaron a llamarse entre ellos hermanos. Jack y Louis estaban a punto de lanzarse hacia las líneas enemigas, pero al final resulto que el lado enemigo se movió antes que ellos. Gas venenoso fue arrojado alrededor de la base, provocando a Jack que se quedara ciego. Durante el alboroto, Louis recibió un disparo. 
Ambos fueron enviados a un hospital a unos pocos kilómetros de distancia. Mientras en el hospital, Jack empezó a llorar por el dolor que sus ojos le estaban causando, por lo que los médicos tomaron una medida drástica y le quitaron los ojos. 
Aun estando ciego, Jack se negaba a abandonar a su preciado amigo. Louis estaba siendo atendido por una enfermera llamada Betsy, quién nació en Estados Unidos, se trasladó a Noruega, y fue a ayudar a los soldados heridos de enfermera. Pero desafortunada mente, un día después de esto, la enfermera no pudo sálvate la vida, Louis agarró la mano de Jack pero unos minutos después se soltó, y dio su último aliento en esa cama, como si se fuera a dormir. 
Jack quería llorar, pero ya no tenía ojos para poder hacerlo, así que se mordió el labio hasta el punto de que le empezara a sangrar. Luego los médicos apartaron el cuerpo de su amigo y lo llevaron a enterrar, Jack se quedo durmiendo en esa habitación durante unos 3 días. 
Al día siguiente el médico le leyó un telegrama de Betsy, diciendo a donde habían enterrado los cuerpos de los soldados muertos, Jack fue allí y encontró el lugar donde fue sepultado Luis, y Jack se despidió y besó la tierra donde estaba enterrado su amigo. Y luego se fue a su casa en Estados Unidos. 
Pero sólo más tristeza le esperaba allí. Cuando llegó, su madre lo recibió con lágrimas al ver que él ya no tenía ojos, luego Jack le preguntó si algo más había ocurrido para que estuviera así siendo, ella normalmente tan alegre y llena de tanta energía, entonces ella dijo que Marcos, el hermano de Jack, quien trabajaba en una fábrica había muerto a causa de unas partículas que había impregnadas en el aire.
Jack quiso llorar por la pérdida de su hermano, pero y una semana más tarde lamentó la pérdida de su madre, que se dice que probablemente murió por ese gran tristeza. Jack se había quedado solo, ya que su padre murió de tuberculosis cuando él solo tenía cinco años. Y ahora Louis, Marcos y su madre también habían muerto. No había nadie allí para guiar a este hombre ciego, para consolarlo, le ofrecían comida, agua o refugio e incluso alto tan pequeño como un cariñoso abrazo. 
Una noche, Jack caminó alrededor de su antigua habitación hasta que llegó a un viejo escritorio de madera donde guardaba un arma, estaba cargada y lista para disparar, por si en algún momento entraba un ladrón y tratara de hacerle daño a él o a su madre.
Pero ya ella se había ido, solo había un uso para ese arma ahora, Jack abrió la boca, y apuntó con la pistola en la garganta y apretó el gatillo.
Sus cuerdas vocales y la tráquea fueron destrozadas en un mili segundo. Su cuerpo sin vida calló al suelo, pero para su sorpresa, se encontró aún de pie. El destello repentino de los disparos, le habían provocado algo en su mente que le hizo olvidar todo lo que le había ocurrido antes de su muerte.
Estaba confundido en cuanto a por qué lo había hecho. Incapaz de escapar, se quedó en la casa esperando una respuesta, hasta que al ver las fotografías de la Segunda Guerra Mundial, de los soldados y lo demás, le hizo recordar todo de nuevo. 
Desde ese día aquel fantasma sin voz ni ojos, ronda por ahí intentando calmar su tristeza de algún modo u otro. 
 

Annabelle, La Muñeca Poseída

Una estudiante de enfermería llamada Donna recibió la muñeca Annabelle de su madre en 1970, que compró como regalo de cumpleaños. Donna vivía con sus compañeras de piso Angie y Lou, y al principio la muñeca solamente era utilizada para adornar el cuarto. Poco después, Donna y sus compañeras comenzaron a observar que la muñeca cambiaba de ubicación, moviéndose alrededor de su apartamento.
Lo que al principio parecía una simple anécdota, pasó a ser terrorífico, ya que Donna y Angie encontraron mensajes que habían sido escritos en algunos papeles que decían “Ayúdanos” o “Ayuda Lou”, que llegaron a la conclusión que debían haber sido escritos por la muñeca.
Un día las chicas salieron a dar una vuelta, dejando a Annabelle en la cama de Donna. Cuando volvieron la encontraron en el sofá, con las manos manchadas en sangre o algún tipo de líquido rojo, que parecía venir de la propia muñeca. Eso fue suficiente para que Donna llamara a una médium. La médium le dijo que mucho antes de que se construyera el complejo de apartamentos había habido un campo en esa propiedad.
Una niña de siete años llamada Annabelle Higgins había sido encontrada muerta en ese campo. Con el paso del tiempo su espíritu se mantuvo en el sitio, y cuando la muñeca entró en la casa, el espíritu de la niña se aferró a ella. Según la médium, la muñeca sólo quería estar con ellas.
Donna, Angie y Lou accedieron a que Annabelle se quedara con ellas. Y fue entonces cuando se desató el infierno.
Annabelle-la-muneca-poseida
Lou comenzó a tener pesadillas, sueños donde Annabelle estaba en su cama, subiendo por su pierna mientras que ella no se podía mover, deslizándose hasta su cuello, cerrando las manos de la muñeca alrededor de su garganta, y ahogandola. Se despertaba aterrorizada, y como si la hubieran asfixiado. Unos días después de este suceso, Lou y Angie estaban en el comedor, cuando escucharon que alguien correteaba por la habitación de Donna. Se quedaron sin poder hablar. Donna no estaba en ese momento, abrieron la puerta y no vieron nada fuera de lo común, a excepción de la muñeca Annabelle, que se encontraba fuera de la cama y sentada en un rincón.
Cuando Lou se acercó a la muñeca fue consumida con ese sentimiento, una sensación de ardor en la parte posterior del cuello que indicaba que alguien la estaba mirando, pero detrás de ella no había nadie, la habitación estaba vacía. Pero a los pocos segundos sintió un dolor repentino en el pecho. Miró en su camisa y vio una serie de marcas de garras, sabía que había sido Annabelle. Pero lo increíble fue que las extrañas marcas de garras comenzaron a sanar casi inmediatamente, y en dos días desaparecieron completamente. Debido a la gravedad del caso, sabían que necesitaban una ayuda más profesional, contactando así con Ed y Lorraine Warren.
Annabelle-la-verdadera-muneca-poseida
Después de una investigación a fondo, Ed y Lorraine llegaron a la conclusión de que no se trataba de ningún fantasma, era un espíritu inhumano, un demonio, que se encontraba unido a la muñeca, se aferró a la muñeca, manipulándola, con el fin conseguir su objetivo, el alma de Donna. Un sacerdote celebró el exorcismo en el apartamento de Donna, y cuando finalizó, los Warren se hicieron cargo de la muñeca poseída. La colocaron en una bolsa y comenzaron el largo viaje de regreso a su casa. Ed decidió alejarse de las autopistas, porque estaba preocupado de que el demonio pudiera causar un accidente. Pero al parecer, mientras conducía en las carreteras secundarias, el motor se les paraba, la dirección del coche fallaba y los frenos les daban problemas. Ante la imposibilidad de conducir con toda normalidad, Ed abrió la bolsa, roció a la muñeca con agua bendita y los misteriosos fenómenos se detuvieron… durante un tiempo.
Ya en la casa de los Warren, Ed dejó la muñeca junto a su escritorio. Y según afirmaron Ed y Lorraine, la muñeca levitaba. Este fenómeno ocurrió un par de veces, hasta que al final dejo de hacerlo. Después de dos semanas de relativa tranquilidad, Annabelle volvió a las andas, ella comenzaba a aparecer en las distintas habitaciones de la casa de los Warren. Viendo los fenómenos paranormales que estaban ocurriendo, decidieron llamar a un sacerdote católico para exorcizar a Annabelle. Cuando le explicaron lo que estaba ocurriendo, el sacerdote no se lo tomó en serio, y les dijo:
Annabel la muñeca
“No es más que una simple muñeca de trapo. No puede hacer daño a nadie”.
Cuando se marchó de la casa de los Warren, mientras que el sacerdote regresaba a su casa con su vehículo, los frenos le fallaron, y su coche quedó destrozado en un horrible accidente. Por suerte él sobrevivió. Los Warren decidieron construir una urna de cristal para Annabelle, en la cual continúa residiendo en la actualidad. La urna, completamente estanca, parece evitar que la muñeca se mueva, pero la realidad es que la terrible entidad sigue esperando ahí, esperando el momento oportuno, lista para que algún día pueda volver a ser libre.

La leyenda de Laura y Claudia



Laura y Claudia estudiaban en la universidad, se habían conocido allí y desde hacía seis meses vivían juntas en un barrio tranquilo de su ciudad, ideal para sus largas jornadas de estudio.
Ese viernes Laura y Claudia decidieron quedarse en casa, pedir una pizza, alquilar una película y pasar la noche tranquilas en casa. Claudia llamó a la pizzeria mientras Laura bajaba al video club.
Al rato Claudia escuchó la puerta:

” ¿Ya estás aquí?, ¿por qué no te has llevado las llaves?”
Abrió la puerta, pero se dió cuenta demasiado tarde que no era su amiga quién esperaba detrás….. Cuando Laura llegó a su piso ignorante de lo que allí sucedia se sorprendió al descubrir a todos los vecinos en la calle y a la policía acordonando la zona….

“¿Qué ha sucedido?”- preguntó…

Creyó desvanecer al oir que alguién había entrado en su piso y había asesinado a su amiga, y posteriormente la había cortado por la mitad. Pasó algún tiempo hasta que Laura se decidió a entrar en la, hasta entonces, su casa a recoger sus cosas… allí todo parecía igual, pero con una diferencia: un silencio espectral envolvía aquellas paredes.

De repente escuchó un ruido en el baño; puso atención, seguramente fuera cosa de su imaginación o la cisterna de algún vecino… otro ruido… era un sonido extraño, igual al que se produce al arrastrar bolsas por el suelo. Se fue acercando poco a poco, escuchando como cada vez se hacía más fuerte ese sonido, incesante, y cada vez más nítido…. entonces abrió la puerta, miró hacia el suelo y allí, ante sus ojos, encontró a Claudia, descuartizada intentando avanzar con sus codos por el suelo y llegar a la puerta.

TICCI TOBY

El fin de semana después de una fiesta amigos, yo había estado caminando a casa. Por supuesto, la mayoría de la gente encontraría la espeluznante ciudad por la noche, mientras la brisa soplaba signos en torno a hacer crujir de los goznes. Pasé bajo una bandera que marcado misteriosamente en el viento. Pero yo sabía que esta ciudad también. Muy bien. No sólo tengo un cuchillo en la sudadera con capucha, bolsillo, pero me encuentro fuerte y rápido, así que no tengo miedo fácilmente.

Como tal, no pensé mucho en ello, cuando pasé por una lámpara de la calle, y miró por el callejón de una de las calles de mis amigos y yo a menudo corriendo alrededor adentro
Yo simplemente le di un vistazo rápido, y vi una figura en la parte posterior, probablemente mirando a través del contenedor de basura en busca de restos o algo así. No he visto el rostro de la persona. Sin embargo no me perdí el crujido cuando la cabeza de la figura se volvió de repente a un lado, casi como un búho. Tiré hacia atrás ligeramente, shock y diversión encender mi cara. Supongo que fue una reacción inusual para un adolescente a tener, después de ver una figura extraña en un callejón. Pero me imagino que soy raro en general.

Maldita la crackheads por aquí son raras.

Me reí ante la idea, y continué por la acera, botas clomping contra el cemento en un pequeño ritmo. Tenía muchas ganas de tener la casa para mí otra vez esta semana. Mi madre trabajaba más y más en estos días, y me dejó con un montón de tiempo libre y la casa.

Es de noche. Todo a mi alrededor había partido caliente, mientras yo estaba flotando lentamente por el confuso mundo oscuro de los sueños. Ya sabes, esa sensación de paz que usted sabe que está dormido y simplemente siente que su deriva a lo largo tranquilamente. Que siempre está en paz, y tus perfectamente cómodos imágenes borrosas, breves pasan por tu cabeza, en ocasiones, acompañado por el calentamiento del corazón o de las escenas más extrañas como pequeños clips de películas pequeñas. No me maravillo de las imágenes a la deriva por mucho tiempo, porque estoy de repente se despertó de mi sueño. Me arrastró lentamente, y cuando mis ojos están abiertos, ya estoy sentado en la cama. Parpadeo un par de veces, mis ojos ya se ajustan perfectamente a la oscuridad, a dormir.

Me siento allí por un momento, preguntándome qué me había despertado, y estoy a punto de tumbarse a acurrucarse en mis sábanas suaves. Pero justo antes de que pueda, un sonido que me llama la atención y me Quirk una ceja perforada.

Crrrac-ccckk-crackack

No sonaba muy fuerte así que tenía que estar abajo, los gatos fueron probablemente entrando en algo. Animales estúpidos. Odiaba cuando los gatos me despertaron. Poniendo los ojos irritado me dejé caer de nuevo en contra de mi colchón, que rebota ligeramente por debajo de mí. Mi almohada se sentía frío contra mi mejilla, y me deslizo mi brazo por debajo de ella, dispuesto a dejar dormir encontrarme una vez más.

El sonido no se detiene. Y en lugar de continuar en un patrón irregular, continúa en un ... extraña manera predecible. Empecé a escuchar a él, el momento en mi cabeza, después de unos segundos, empecé a ser balas de saber cuando el sonido grieta iba a suceder.

¿Qué mierda real?

Me senté de nuevo, sábanas de algodón fino deslizándose de mis brazos con el movimiento, que mantienen una mano en la cama junto a mí, mientras mis otros viajes al cuchillo en mi mesita de noche. Mis dedos se encuentran de mango y me envuelven mi mano alrededor de él. Estaba probablemente exagerando, pero aún así. Más vale prevenir que curar.

Estoy tratando de pensar en posibles conclusiones en cuanto a lo que estaba haciendo ese crujido extraño, cuando, de repente, me doy cuenta ... Es cada vez más cerca. Yo agarro el cuchillo en la mano con más fuerza. Fue sin duda cada vez más cerca, casi como si estuviera caminando por el pasillo.

Caminar.
Abajo.
El Pasillo.

Caminar.

Esa sola palabra parecía lanzar un nuevo sonido en mi cabeza, y como si fuera una señal, el lento sonido de pasos comenzó a dibujar en mi pasillo, que conduce a mi habitación. Por ahora no tenía ninguna duda en mi mente, había alguien en mi casa. Puedo sentir un hormigueo bruto trepaba por la parte de atrás de mi cuello mientras me pusieron los pelos de punta. Mi visión fue fuerte, como mi corazón se disparó una ráfaga de adrenalina a través de mi cuerpo. Estoy congelado en el lugar como una estatua de mármol, sin atreverse a respirar, pero no puedo ver a mis lados moviendo por su propia voluntad. Mi ritmo cardíaco es lento y en voz alta, y puedo sentir cada latido resuene a través de mi cuerpo. Si creció ningún fuerte tenía miedo a la persona por el pasillo lo oiría.

Yo estaba dispuesto a mover mi cuerpo, mientras trataba de ordenar mis pensamientos a través de la niebla brumosa en mi mente. ¿Qué debo hacer? Ejecutar? Ocultar? Estancia y emboscada mi invasor? Yo salto de la cama, y al igual que yo, veo la sombra de los pies se caen frente a mi puerta, la grieta que inundó una pequeña cantidad de luz en mi cuarto, ahora tiene dos pequeños parches de sombra que lo cubre. Me apoyo en mi marco de la cama.

Los crujidos de puertas abiertas, y se congelan de nuevo, mi aliento enganchar en mi garganta mientras mis pulmones de repente decide tomar una huelga. Por un momento, estoy seguro de que mi corazón iba a seguir su ejemplo. Pero mi sangre sigue a pulso lentamente a través de mi cuerpo como un sudor frío se apodera de mí.

El gemido de las bisagras ligeramente cuando la puerta se abre hasta el final, y una figura se encuentra en el camino de la puerta. Mi boca no funciona. Estoy tratando de gritar, a gritar y pedir ayuda. Pero no puedo decir las palabras. Estoy paralizado.

No debería haber sido capaz de pensar tan profundamente, pero la cifra en mi camino de la puerta desencadenado algo en mi memoria. De regreso a casa. El Callejón. El contenedor de basura. La cabeza de la grieta en el contenedor de basura. El equipo que había estado usando. Era la misma que la figura que estaba de pie delante de mí ahora. Una campana de color azul oscuro se levantó por encima de su cabeza. Pero su piel grisácea pálida brilla misteriosamente de la luz de la luna que caía por mi ventana. Sus ojos están cubiertos por gafas con lentes de color naranja. Su chaleco color caqui fue rociado con sangre. Este envió otro escalofrío eléctrica me recorrió la espalda. Entrecerré los ojos, no estoy seguro de lo que debo hacer. Mi mente seguía gritándome a moverse, pero yo no podía mis miembros ¿no cumplir con mis sesos demandas.

"No." Era todo lo que podía decir, y una vez más mi boca pegada en sí cerró y se negó a abrir.
La cifra fue de sexo masculino. Su rostro estaba oculto en casi todos los aspectos, gafas sobre los ojos, capucha sobre su frente, y algunos bloques boca extraño en la boca y la barbilla.
Se acercó, tambaleándose ligeramente, su brazo se movió a su lado dos veces, mientras salía terriblemente lentamente hacia mí. Una mano se levantó a la boca y se puso un dedo sobre sus labios.

"Shhhhh".

Retrocedí contra mi cama, presionando la espalda contra el poste de la cama de madera. Estaba agarrando el cuchillo en la mano con tanta fuerza que los nudillos se volvieron blancas. Mi mirada se desvió repentinamente hacia el objeto en la mano del muchacho. Podía sentir mis pupilas se dilatan en el miedo, cuando vi su arma mucho superó la mía. Y al ver la sangre que gotea de su hoja, yo diría que tenía más experiencia también.

El intruso se celebró un hacha en la mano. La sangre le corría fuera de él y chapoteando en el suelo. Me podía mover. Y mis manos en el cuchillo fue aflojando de repente, antes de darme cuenta el cuchillo caía de mi agarre y estrépito contra el suelo de madera dura. Di un grito ahogado cuando el sonido llegó a mis oídos.
No!

"Shhhh ..." Dijo que la cifra de nuevo, mientras continuaba su camino para encontrarse conmigo en la habitación. Después de que su pie se reunió de nuevo la palabra, con el cuello roto al lado en un ángulo inhumano, podía oír el crepitar huesos contra sus tendones y el sonido enviado una sensación de muerte a través de mí. Yo no iba a escapar. Yo no iba a moverse. Yo iba a esperar. Y esto ... que iba a tener su camino conmigo. El corazón me trueno en mi pecho rompiendo contra mis costillas, ya que mi visión borrosa repentina de mi falta de consumo de oxígeno. Pero mis pulmones todavía se negaron a aceptar el aire.

La cabeza de la figura estaba ahora en un ángulo de 50 grados de lo normal, y él se movió en ocasiones cuando se acercó a mí, nunca ritmo acelerado. Un paso más y el cuello agrietado para otro lado y hacia el otro lado, los huesos haciendo que el sonido misterioso familiar.

"Shhh!" Él dijo una vez más, y un paso más lo llevaría hasta el lugar sólo un pie de distancia de mí. Él la tomó, de la mano con el hacha se elevaba ligeramente, mi visión estaba girando. Mi cuerpo se sentía pesado. Yo podía sentir mis rodillas temblando. Caray, yo podía sentir todo mi ser sacudida. El hacha se acercó a mí, poco a poco. Y me sentí apoyada en mi estómago, la hoja simplemente sentarse allí. Me siento delante incapaz de mantenerme a mí mismo por más tiempo, y en ese momento sentí una mano en mi hombro, levantando sólo un poco, y sólo el tiempo necesario para la cuchilla roma para ser metidos en mi top PJ, y perforar aunque mi vientre. Agonía inmediata se hizo cargo, y mi cuerpo una vez más tomó y se puso rígido con una combinación de terror conmoción y el miedo. Las estrellas en mi visión se fue en blanco y negro y mi mundo girar por un breve segundo antes de que el dolor más me llevó, lo último que vi fueron un par de zapatos con punta de plata, y un charco de mi propia sangre, que se acaba llegando a cuidado con las plantas de los zapatos.

Y entonces mi mundo se volvió negro y entumecido.